Barcelona y el Vallès se han despertado este miércoles con una atmósfera extraña. Un aire denso y un aroma inconfundible a madera quemada han sorprendido a miles de vecinos al abrir las ventanas a primera hora de la mañana, especialmente en localidades como Terrassa y Sabadell, pero extendiéndose también por la capital catalana. La sorpresa inicial se ha transformado rápidamente en una inquietud compartida que ha llenado las calles de miradas al cielo buscando columnas de humo inexistentes en los alrededores.
Los Bomberos de la Generalitat, en explicaciones ofrecidas a betevé, y Protección Civil se han apresurado a confirmar que la causa de este fenómeno no se debe a ningún fuego cercano. El origen real del olor es un gran incendio forestal que se declaró este pasado martes a mediodía en el municipio de Leciñena, en Aragón. A pesar de la enorme distancia, las corrientes meteorológicas han arrastrado la humareda a lo largo de centenares de kilómetros hasta la costa catalana, provocando el desconcierto generalizado.
Una humareda visible desde el espacio
Aunque parezca increíble, el foco del fuego se sitúa a unos 300 kilómetros de Barcelona. El incendio forestal, que ya devasta más de mil hectáreas en la sierra de Alcubierre, entre las provincias de Zaragoza y Huesca, ha sido catalogado por el gobierno aragonés como «preocupante» y de «evolución muy rápida».
Las imágenes de satélite muestran con total nitidez cómo el penacho de humo, de un tono grisáceo más transparente que las nubes blancas, se origina en territorio aragonés y se estira cruzando todo el llano de Lleida y la Cataluña central hasta abrazar el litoral y el prelitoral barcelonés, donde la afectación se ha hecho evidente para la población.