Montserrat, la montaña de silueta inconfundible, no solo es un referente espiritual y cultural de Catalunya. Al caer la noche de cada día 11, sus contornos rocosos se convierten en el escenario de una peculiar liturgia moderna: la búsqueda de objetos voladores no identificados. Decenas de aficionados a la ufología, creyentes convencidos y curiosos se congregan con la esperanza de ser testigos de algo extraordinario.
El punto de partida de esta singular peregrinación es el Hotel Bruc, un establecimiento que ya forma parte de la mitología del lugar, y que ha figurado en series como La Mesías.
«Yo he visto ovnis ahí arriba»
En su cafetería, las conversaciones giran en torno a avistamientos pasados y teorías sobre vida extraterrestre. «Yo he visto ovnis arriba, por eso siempre vengo los días 11», afirma con convicción una de las veteranas asistentes, quien asegura haber sido contactada hace años por seres que le advirtieron de «cosas muy gordas como el COVID».
La atmósfera en Montserrat es, como describe una de las participantes, la de «una montaña con mucha energía». Este sentimiento, compartido por muchos, crea un ambiente muy favorable a creer que puedes haber visto algo. Es una mezcla de sugestión y fe que alimenta las expectativas de la noche.
Entre los asistentes, las opiniones son diversas. Hay quienes, como un joven entre los entrevistados, creen firmemente que «hay unas cuantas razas extraterrestres que viven aquí en la Tierra». Otros se imaginan a estos seres como una persona, «como tú y como yo».
No falta el contrapunto escéptico. Como el que acude movido por una «curiosidad sana» y argumenta desde una perspectiva más racional: «No creo que haya venido aún nadie de otro planeta».
Para él, la idea de extraterrestres humanoides responde a «una visión muy antropocentrista». A pesar de su escepticismo, valora positivamente la experiencia: «Es divertido ver las conversaciones, lo que explica la gente que lleva mil años viniendo».
Con el avance de la noche, los grupos ascienden a un mirador, un «U.F.O. ZONE» improvisado según una pintada en una roca. Equipados con sillas plegables, bebidas y la mirada fija en el firmamento, esperan la señal.
«Vimos una luz salir de un pico»
Un hombre relata una experiencia paranormal: «Vimos una luz salir de un pico. Silenciosamente cayó en picado para abajo. Y eso fue en milésimas de segundo. Mi compañero lo vio y nos quedamos los dos sorprendidos».
Lejos del estereotipo, el ambiente que se respira es de normalidad y buen rollo. Se trata de una reunión social al aire libre, un «picnic grande», como lo describe una de las entrevistadas, donde se comparten historias y se disfruta de la noche.
Al final, la pregunta de qué harían si finalmente aparecieran «los de verde» recibe respuestas variopintas. «Que me lleven a ver lo que hay por ahí», responde una mujer entre risas, para añadir rápidamente que quiere «viaje de vuelta, claro».
Creyente o escéptico, fanático del fenómeno ovni o simplemente alguien en busca de un plan diferente, la noche del 11 en Montserrat se convierte en un lienzo para la imaginación y la esperanza de no estar solos en el universo.