En las aulas del Institut Escola El Molí, cientos de niños y niñas pasan el mes de julio ensayando con violines, violonchelos y clarinetes. Forman parte de un casal de verano atípico: una formación orquestal intensiva organizada por el proyecto Vozes, cuyo objetivo es llevar la música clásica a sectores de la sociedad donde habitualmente no tiene presencia. El esfuerzo de estas semanas de ensayo se materializa en una serie de tres conciertos de clausura, uno de ellos a los pies del icónico avión rojo del parque de atracciones del Tibidabo.
Aunque la actividad de julio concentra horas de ensayos diarios, el trabajo de la organización no se limita a la época estival. El proyecto funciona durante todo el curso lectivo escolar y cuenta con diecinueve espacios formativos distribuidos principalmente por los distritos de Sant Martí, Nou Barris y Sant Andreu. Según los últimos registros de la entidad, un total de 981 menores se benefician actualmente del programa, aprendiendo a tocar instrumentos musicales a lo largo de todo el año.
De alumnos a docentes en el propio barrio
La orquesta congrega a jóvenes de distintos niveles y edades. Las aulas se dividen para agrupar a los que apenas se inician en la lectura de partituras y a quienes ya dominan instrumentos de gran tamaño para su edad. La continuidad del proyecto a lo largo de los años ha permitido que antiguos alumnos regresen a las aulas convertidos en profesores. Tras descubrir la iniciativa en un centro cívico cuando era niña, una de las actuales maestras dedica ahora su tiempo a dar clases a la sección de vientos para transmitir a los nuevos grupos todo el conocimiento y apoyo que ella recibió en sus inicios.
La iniciativa exige una gran cantidad de trabajo por parte de los organizadores y directores musicales, pero busca un impacto que trascienda la técnica de los ensayos. Los responsables de Vozes destacan que enfrentarse a niveles de exigencia musical ambiciosos y lograr dominarlos genera un impacto directo en la confianza de los menores. El razonamiento que transmiten a los jóvenes intérpretes es directo: si un alumno comprueba que es capaz de aprender a ejecutar una obra compleja con su instrumento, interioriza que también será capaz de superar otras dificultades o metas que se le presenten a lo largo de su vida.
El entusiasmo sostenido durante las semanas del casal culmina finalmente en el escenario al aire libre. Frente a cientos de familiares y curiosos que asisten a la cima de la montaña, la joven orquesta interpreta su repertorio bajo la dirección de sus maestros, demostrando unos resultados técnicos que sientan las bases para el trabajo del próximo curso.