El Port de Barcelona ha iniciado un ambicioso proyecto para rehabilitar las cinco emblemáticas pérgolas de madera del Moll de la Fusta, estructuras que permanecían infrautilizadas desde el cierre de los antiguos restaurantes hace más de 25 años. Con una inversión prevista de al menos 500.000 euros, la actuación busca transformar este itinerario de la fachada marítima en un punto de encuentro ciudadano, dotándolo de zonas de sombra, actividades culturales y espacios lúdicos.
La intervención se ejecutará por fases con el objetivo de que los primeros resultados sean visibles este mismo verano. Según ha confirmado David Pino, director del Port Vell, la prioridad inmediata es la reparación de las estructuras dañadas por la intemperie y su posterior cobertura para crear refugios climáticos. Esta medida pretende mejorar el confort térmico de los peatones que transitan entre la estatua de Colón, la Via Laietana y la Barceloneta bajo la radiación solar.
Un nuevo modelo de uso ciudadano
A diferencia de su etapa anterior marcada por la restauración masiva, el nuevo planteamiento del puerto y el Ayuntamiento de Barcelona apuesta por un uso diversificado y público. El proyecto contempla que solo una de las cinco pérgolas se destine a un establecimiento de hostelería. Las cuatro restantes se transformarán en áreas dinámicas inspiradas en modelos como el de la plaza de las Glòries.
Entre las novedades previstas para finales de 2026 destacan:
- Espacios de lectura: Instalación de armarios con libros y zonas de descanso.
- Áreas de juego: Creación de una ludoteca y una biblioteca de juegos de libre disposición.
- Deporte y cultura: Zonas habilitadas para la práctica deportiva y eventos culturales.
- Ampliación infantil: Reforma y crecimiento del parque de juegos situado frente a la plaza del Duc de Medinaceli.
Del esplendor olímpico a la revitalización
El Moll de la Fusta vivió su época dorada tras la apertura de la ciudad al mar a finales de los años 80. En 1988, se inauguraron cinco locales de referencia, Blau Marí, Distrito Maritimo, Traffic, la Cerveseria del Moll y el Gambrinus, que marcaron el ocio de la generación olímpica. De aquel periodo sobrevive La Gamba, la icónica escultura de Mariscal que fue restaurada y recolocada en 2004.
Para miles de barcleoneses, de esos locales no queda recuerdo, pero la postal de las pérgolas, con sus vigas de madera frente al mar, es una imagen fija de Barcelona. ¿Quién no ha fantaseado en sus paseos por el puerto con la familia con la imagen de esa gamba gigante?
Tras una década de actividad, la competencia de centros como el Maremagnum y las molestias por el ruido derivaron en el cierre de los locales. Ahora, el Port busca que el muelle deje de ser un simple lugar de paso. Para garantizar el mantenimiento y la dinamización de las nuevas instalaciones, la gestión podría recaer en una entidad del distrito o en el futuro adjudicatario del único bar previsto en el paseo.