
Incluso sacaron una colección de helados de Stranger Things.
En Rocambolesc, un helado de chocolate no es un helado de chocolate. Quiero decir, un helado de chocolate siempre es un helado de chocolate, porque lo contrario sería competencia desleal o engaño o lo que sea. Pero en Rocambolesc, el helado de chocolate no es un simple helado de chocolate. Aquí ese mismo sabor lleva grue de cacao, peta-zetas, galleta de chocolate y cobertura de chocolate.
Claro que este helado es solo un ejemplo del torrente imaginativo que acompaña a cada uno de los sabores. Por ejemplo, y como prueba de este derroche de creatividad, está el tema de la colección de Stranger Things.
Hace algo menos de un mes, Rocambolesc sacaba la colección exclusiva de helados de Stranger Things: la colaboración, fruto de un acuerdo entre Netflix y la heladería, ni siquiera tenía en el lucro su objetivo. Se regalaron cerca de 3.000 helados en las tiendas de Madrid, Barcelona, Alicante y Girona. Ahora no está sobre la opción de ampliar la fabricación, pero hay quien se derrite por (volver a) probarlos.
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Esta heladería de vanguardia –ese podría ser el sintagma preposicional que mejor le va– es obra de Jordi Roca, el menor de los hermanos. Con el objetivo de recuperar el mítico –mítico para quien lo frecuentase– carro de postres de El Celler de Can Roca, Jordi Roca creó Rocambolesc. Aunque no como le hubiera gustado: el objetivo era crear un local ambulante, pero la normativa municipal no lo permitía.
Huelga decir que, contra lo que pudiera parecer, no es necesario hipotecarse para probar algunos de los locos sabores de Rocambolesc. El helado más barato cuesta 3,95€ que, oye, habida cuenta la ubicación del local, la calidad del producto y la autoría del mismo, pues no está nada mal. El resto de precios son los siguiente: el panet (una especie de bocadillo de helado) cuesta 4,95€ y el polo, 4,20€.