A veces no hace falta nada más que un buen pincho de tortilla y un trozo de pan para alcanzar una óptima experiencia culinaria. Tanto es así que hasta en la barra de este bar de Barcelona no es nada extraño cruzarse con chefs como Carme Ruscalleda o Raúl Balam.
Hablamos de Los Tortíllez, un restaurante catalán que ha hecho lo impensable: convertir la tortilla de patatas en una experiencia que mezcla lo culinario, lo social y lo emocional. Y lo ha conseguido tan bien que hasta la mismísima chef con estrella Michelin es una habitual del lugar. También ayuda que su restaurante de Barcelona está a escasos 5 minutos de este local.
Ubicado en dos puntos neurálgicos de la ciudad (Consell de Cent, 299 y Manso, 50), este restaurante no es solo un homenaje a uno de los platos más queridos del recetario español.
Los Tortíllez, un proyecto social

Los Tortíllez es el proyecto de Vicky Martínez y Liad Finkelstein, una pareja que decidió que el amor por la cocina tradicional podía ir de la mano con un compromiso social real. ¿El resultado? Un equipo formado por personas en riesgo de exclusión —jóvenes con diversidad funcional y otras realidades complejas— que encuentran aquí una oportunidad y un oficio.
La tortilla sigue el estilo Betanzos, de composición gruesa e interior cremoso. Aquí no se escatima en creatividad ni en cariño. Desde la clásica de la abuela (con o sin cebolla) hasta la Cayetana —una bomba gloriosa con trufa, cebolla caramelizada, jamón ibérico y queso de cabra—,o joyas como la Maruxa (lacón y grelos), o una versión con gambas al curry tailandés.
En el menú se acompañan con ensaladilla rusa como la de tu abuela (o mejor, perdón abuela), esqueixada, croquetas, buñuelos de bacalao y postres como la torrija con helado o el flan de toda la vida. Todo servido en platos de duralex, sobre mesas de formica, con el suelo de gres que te recuerda a otros tiempos.
Comer aquí cuesta unos 20 euros por cabeza. A veces lo más simple se transforma en la experiencia más extraordinaria.