El mundo de la coctelería es difícil en el Born. No por falta de opciones, sino quizás por exceso. Algunas de las mejores coctelerías del mundo conviven a pocos metro y aunque son un espectáculo viven en un entorno donde la disputa es por un público cada vez menos local. Pero a veces, surge un brote verde.
El de Aldea lo es en un sentido casi literal. El local evoca un cenote mexicano, esos agujeros de agua en medio de los bosques que la pareja fundadora, Silvia y Fran, visitó en los viajes a Latinoamérica y Asia que buscan evocar con este local.
¿Qué tiene de diferente Aldea con las tropocientas coctelerías del Born que la rodean? Una atmósfera tranquila que busca la calma y no la fiesta (quizás porque aquí solo hay dos personas haciéndolo todo) y sobre todo, una propuesta de cócteles que mezcla el aspecto clásico de los cócteles con unas bebidas y destilados que harían soñar a Willy Wonka.
El más loco es el High Waves, seguro, con un destilado de nachos mezclado con piña, pomelo, cilantro o chipotle, que te transporta a todo lo que trae y te hace preguntarte por qué unos nachos deberían saber bien en un cóctel. El Juntos lleva destilado de pimiento asado y el Coral Reef Club de conchas de ostra, que recopilan de restaurantes amigos para caminar hacia la sostenibilidad.
Todo sale del rotovapor que manejan Silvia y Fran, y que permite la magia mencionada: bebidas de locura, pero en formatos clásicos que huyen del circo de otras coctelerías cercanas y que favorecen que una coctelería del Borne, con sus calles intrincadas y sus locales pequeños, vuelva a ser un lugar de encuentro donde esconderse y disfrutar charlando.

