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Crecer en la periferia de Barcelona en los 80 fue una mierda

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Crecer en la periferia de Barcelona en los 80 fue una mierda
Reseñamos Antes del huracán, la última novela de Kiko Amat.

– ¿Por qué debió suicidarse?

– Tío, mira a tu alrededor.

Este diálogo es un fragmento de Antes del huracán (Anagrama, 2018), la última novela de Kiko Amat. Primero de todo, Antes del huracán es un libro sobre la locura, sobre la familia, sobre las relaciones de amistad, sobre la periferia de una gran ciudad en el contexto postfranquista, sobre todo lo que se vive por primera vez y sobre lo que supone meter todos esos ingredientes en la cabeza de un niño.

Así, ese alrededor que es capaz de propiciar o provocar un suicidio está formado por lo siguiente: Sant Boi de Llobregat (ciudad condicionada por la presencia de uno de los psiquiátricos más grandes de España); una familia disfuncional (hermano abusón, padre egoísta y casi culturista, madre obesa y sin ambiciones ni expectativas y abuelos con precedentes de esquizofrenia); ser vapuleado, insultado, humillado en cada visita al colegio. Es crecer, habitar y sobrevivir a un territorio hostil. Es, en suma, criarse entre dos conceptos: la periferia y la pobreza (dos conceptos que, dado el caso, no funcionan de forma autónoma: son más bien sinónimos).

Antes del huracán funciona, entonces, como antítesis de la moda -traída quizás por Stranger Things- consistente en idealizar los 80. No porque los 80 no molasen. Mazinger Z, Mortadelo y Filemón, Naranjito, Dino Zoff. Hay referencias que son recordadas con nostalgia. Pero hay cierto peligro en revestir con un halo de romanticismo una época caracterizada también por la presencia de ETA, por el colapso económico, por lo comentado un párrafo más arriba. Otro de los lugares comunes -falacia, al mismo tiempo- en la defensa del ochenterismo es la libertad juvenil o una supuesta libertad o una supuesta responsabilidad. Nada más lejos de la realidad, los niños empezaban a fumar y a beber incluso antes. El peligro o la perversión reposa sobre todo en la idealización de la pobreza. Este escollo, se entiende, lo esquiva muy bien, Kiko Amat.

La novela, en un plano formal, discurre entre dos líneas temporales: la infancia atormentada (Antes del huracán) y la vida adulta en un psiquiátrico (Después del huracán). El protagonista es Curro, un Quijote a la inversa -el exceso de realidad es lo que le hace perder el juicio.

Sin digresiones, con dinamismo y con muchas descripciones (muchos estímulos, más bien), Kiko Amat hace que el libro funcione -Amat, por cierto, es un escritor correctísimo en el uso del léxico y de la sintaxis.

Amat, retomando la premisa del artículo, mira al pasado con mala hostia y lo hace con conocimiento de causa (el autor creció en el mismo Sant Boi del Llobregat). Hay, además, toda una voluntad casi periodística en el acto de hablar (sobre la locura, sobre Hitler) con conocimiento de causa. Hay, en suma y perdón por el cariz naif de la conclusión, voluntad de escribir un buen libro. Una voluntad y una consecución.

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Cultura