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Cultura

3 edificios polémicos de Barcelona que han dado qué hablar

By Paula Fernández

edificios polemicos de barcelona

Una de las razones por las que se nos considera una de las ciudades más bonitas de Europa (y el mundo) es, precisamente por nuestra arquitectura. Aquí se encuentran desde el modernismo más imaginativo hasta el estilo gótico y románico pasando por un estilo contemporáneo que roza el diseño de las pelis futuristas.

Esta mezcla explosiva no puede gustar a todo el mundo y por eso hay edificios polémicos de Barcelona que, bien se consideran los patitos feos de la arquitectura, bien tienen una historia tan sorprendente que generan controversia por sí solos ¿Sabes ya cuáles son?

La Sagrada Familia

“Mi cliente no tiene prisa” dijo el ilustre Antoni Gaudí allá por 1882 y se la tomó tan en serio que ahí sigue la basílica, sin terminar. Se prevé que las obras terminarán (por fin) en 2026, 144 años después de la muerte del arquitecto. Es uno de los edificios polémicos de Barcelona por seguir tan a pies juntillas el dicho «sin prisa pero sin pausa».

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Torre Agbar

En 2005 la Plaça de les Glóries Catalanes vivió una erección de las que por mucho que trates de disimular, no puedes. Más que nada porque es de 145 metros. Este rascacielos hizo que más de un puritano se llevara las manos a la cabeza argumentando que ese “supositorio” no cuadraba con la estética de la ciudad. Si bien por la mañana se puede disimular un poquito, por la noche se convierte en la reina de la fiesta y la ciudad iluminandose con LEDs y en ocasiones, haciendo espectáculo de luces. Como curiosidad, es una construcción inteligente que detecta si los despachos de las oficinas que alberga están ocupados y la iluminación se base, principalmente, en energía fotovoltaica.

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Torre Mare Nostrum

Coincidiendo con la inauguración de la Torre Agbar, en el 2005 se levantó otra muestra del estilo arquitectónico High Tech: la Torre Mare Nostrum. Su diseño singular se lo da la voladura de 40 metros que le da un aspecto poco convencional y el hecho de que la fachada esté compuesta por vidrios de diferentes tonalidades. A pesar de esto, la controversia no viene dada por su aspecto, sino por ser conocido como “el edificio enfermo”: cerca de 150 trabajadores desarrollaron una extraña enfermedad de la piel consistente en la aparición de hendiduras en los muslos.

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