De todo un poco: Rebuscando entre la historia del Mercat Dels Encants

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Mercat Del Encants

Todo tiempo pasado fue siempre mejor. Eso se suele decir mucho, y la verdad es que para los nostálgicos como yo la expresión va cargada de verdad. No lo podemos evitar, nos tira mucho lo antiguo y todo lo que huela a la palabra “añejo”.

Pues bien, para nosotros hay un paraíso en Barcelona. Un paraíso de siete siglo. Estamos hablando del Mercat Del Encants.

Desde 2013 lo puedes encontrar en la Avinguda Meridiana, justo al lado de la Torre Agbar. Allí venden de todo. Y cuando decimos de todo, es de todo.

Al principio, en el mercado se encontraban básicamente traperos, libreros y chatarreros, pero el paso del tiempo y la llegada de las nuevas – o ya no tan nuevas – tecnología fue ampliando poco a poco la gama. Hoy se pueden encontrar antigüedades, objetos de artesanía, ropa de segunda mano, libros, discos, electrodomésticos (los hay muy recientes), maquinaria, cacharros de todo tipo…. en definitiva, un cajón desastre a escala gigantesca.

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Pues bien, la historia de este mercado tiene traca. Porque además de su longevidad (las primeras referencias datan de 1200) ha tenido tantas casas que memorizarlas sería tarea complicada. Por suerte, hoy en día tenemos la chuleta de internet a mano.

La primera referencia documentada situaba subastas públicas frente a la Iglesia de Sant Jaume.  Estas subastas eran de objetos relacionados con difuntos por medio de los cuales sus familiares intentaban sacar dinero para pagar las deudas. En 1358 el mercado se trasladó a la Plaza Nova. Allí estuvieron apenas medio siglo, ya que en 1391 se mudó cerca de la Llotja. Esa fue su casa durante 500 años, entre el Carrer del Consolat de Mar y la Plaça d’Antonio López.

Durante la Exposición Universal de 1888 el mercado se movió de nuevo, esta vez a la Avinguda de Mistral. Allí coincidió con la Fira de Bellcaire (lo que inevitablemente siempre ha llevado a confusiones entre ambos) y se “fusionaron”. En 1928 volvieron a cambiar de sitio, esta vez rumbo a la Plaça de les Glòries Catalanes, donde estuvieron hasta 2013 antes de recalar en su ubicación actual (a tiro de piedra, literalmente).

 

 

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