La Mussara, el pueblo abandonado más aterrador

La Mussara está en la comarca del Baix Camp. Y más concretamente en el municipio de Vilaplana.

La ausencia de creatividad al hablar de lugares siniestros es un problema constante que no termino de saber cómo salvar: siempre la referencia a Iker Jiménez, siempre el castañeo de los dientes y siempre el mismo desarrollo: historia del lugar y rumores para acabar retando al lector de estas líneas. “No te atreves a ir”. Como la literatura de vampiros o el cine de vaqueros, los artículos sobre lugares abandonados son un género en sí mismo.

En el caso de La Mussara no puede ser de otra manera. La Mussara es una aldea fantasma, perteneciente a lo que Sergio del Molino llamaría la España vacía y a lo que María Sánchez llamaría la España vaciada. Pero ese es otro tema. La Mussara está en la comarca del Baix Camp. Y más concretamente en el municipio de Vilaplana.

Lo del adjetivo de vacío o vaciado tiene su origen en 1950. Se cuenta que una plaga (una epidemia de filoxera –insecto que ataca la hoja de la vid–), problemas acuciantes de sequía y la condición yerma del terreno fueron motivos suficientes para expulsar –o invitar naturalmente a irse– a los ciudadanos del momento. El éxodo rural hecho carne.

Llegado este punto, la zona se fue popularizando como lugar de rutas senderísticas. Y a dicha popularidad dominguera se le sumaron sucesos paranormales, dicen quienes lo han visitado.

El tema de la niebla, por ejemplo, es probablemente el que más hace castañear los dientes (?). Cuenta la leyenda que La Mussara es una puerta dimensional y la niebla actúa como bisagra a otra realidad. Un testimonio concreto es puro Interestellar –perdón por el Spoiler–: un fulano desapareció 14 horas y tuvo la sensación de haber desaparecido solo 2. Por lo menos volvió, pensarán quienes tengan aprendida la historia de La Mussara: se hablan de casos de gente que nunca regresó tras su desaparición en la bruma.

Sin embargo, lo que sería capaz de despertar la atención de Iker Jimenéz es la Iglesia de San Salvador. Cuentan los que han tenido a bien (o a mal) entrar en ella han visto pinturas satánicas y cruces invertidas. Lo de las psicofonías se da por hecho.

La magia, el terror y la fantasía se concretan en un momento: sube la niebla y tañen las campanas que no hay en la Iglesia de San Salvador. Dicen. En cualquier caso, la niebla parece actuar –como en la última novela de Kazuo Ishiguro– como realidad y como metáfora. Pero poco importa porque todo son rumores, ¿o no? Tú mismo lo puedes constatar… si es que te atreves a ir.

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