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«La Sala Razzmatazz y otras salas de Barcelona podrían desaparecer»

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«La Sala Razzmatazz y otras salas de Barcelona podrían desaparecer»

Así de rotundo se ha mostrado Daniel Faidella, propietario de la emblemática Sala Razzmatazz en una entrevista concedida al diario El Periódico. Desde que el pasado mes de marzo arrancara oficialmente este viacrucis pandémico, la Razzmatazz, posiblemente la sala de conciertos y ocio nocturno más relevante de Barcelona (quizá de toda Catalunya) junto con la Sala Apolo, ha permanecido cerrada a cal y canto.

La alarma económica, lógicamente, es elevada. El riesgo al que se exponen salas como Razzmatazz es el de su desaparición una vez que sus responsables no puedan seguir asumiendo las pérdidas que, según Faidella, sobrepasan ya el millón de euros debido a los costes básicos mensuales a los que la empresa aún debe seguir afrontando pese a estar totalmente cerrados.

«Si no se hace algo para ayudar a las salas de conciertos y al ocio nocturno en general, nos vamos a quedar sin música en este país«, se lamenta Faidella.

Algo de luz a la tragedia arrojó el proyecto piloto de la Sala Apolo, que el pasado 12 de diciembre celebraba un pequeño concierto al que solo se podía acceder tras someterse a un test rápido. Los resultados del ensayo se esperaban como agua de mayo no solo entre el sector de la música en directo, sino también entre lo fans más melómanos. Y los resultados se confirmaron halagüeños: cero contagios. 

En palabras de los investigadores a cargo del estudio, «los resultados demuestran la utilidad de las medidas de seguridad implementadas, que incluye el cribado con test de antígenos antes de la asistencia al evento […] La asistencia a un concierto con música en vivo que se realice en condiciones de seguridad no se asocia a un incremento de infecciones por SARS-CoV-2.»

Los participantes en el estudio se dividieron en dos grupos: los que finalmente accedieron a la sala y disfrutaron del concierto, un total de 463 personas, y los que, pese a participar en la investigación, no entraron a la sala. Entre el primer grupo, los asistentes al concierto, no se detectó ningún contagio mientras que dos personas del grupo que finalmente quedó fuera del concierto se acabaron contagiando.

Sin embargo, desde que se anunciaran los resultados positivos del estudio sus responsables no han vuelto a pronunciarse y se desconocen los siguientes pasos que planean dar para que las medidas que se tomaron en aquel caso concreto puedan llevarse a la práctica de forma recurrente, y así salvar el barco del ocio nocturno y los conciertos en Barcelona antes de que acabe por hundirse.

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