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Detrás de estos negativos se esconde una misteriosa historia

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Detrás de estos negativos se esconde una misteriosa historia
Si tuviera que depositar sobre la espalda de alguien el peso de una investigación, no lo haría ni sobre la de un comisario, ni la de un policía, ni la del mismísimo Pepe Carvalho. Lo haría sobre la entelequia que conforman el universo pseudoanónimo de twitteros.

Y eso mismo parece haber pensado Oriol Querol, que se define en Twitter como periodista, modernista, relativista, animalista, ecologista, feminista, barcelonista, republicanista, ista, ista…

Epítetos al margen, decíamos que eso parece haber pensado este aspirante a trasunto real de Sherlock Holmes, dado que se ha encontrado el negativo de un carrete de fotos en la Plaça del Doctor Letamendi (en pleno Eixample). Y está dispuesto a averiguar quienes son las personas que hay en este pedazo de celuloide.

Fue ayer mismo, a primera hora de la mañana, cuando Oriol lanzó el enigma en forma de hilo y en cápsulas en forma de tweet.

Con sólo cuatro negativos, despertó la curiosidad de la horda tuitera, no sólo dispuesta a actuar como turba. Así, a medida que fue avanzando el día, engrosó el hilo con los mismos negativos ya revelados… y también con posibles soluciones al enigma.

Con apenas dos fotos (la primera, un bebé con un hombre al fondo; la segunda, igual pero en vertical), ya fueron unos cuantos quienes empezaron a lanzar suposiciones. Algunas de éstas eran el tipo de cámara, el diseño de la trona y alguna que otra teoría sobre los interruptores.

Más tarde, subió las otras dos fotos restantes acompañadas de la verbalización de lo que podría aportar a la investigación.

El hilo empezó ayer y ya tiene a más de mil personas pendientes de él. Gran parte de ese número deseantes de aportar cualquier dato que ayude a resolver la investigación. Para encontrar una referencia similar en Twitter hay que retrotaerse al verano de 2017 cuando Manuel Bartual construyó una ficción perfectamente adaptada al medio.

Ahora, brotarán los estoicos y quienes con el precedente de Bartual, se plantearán y pondrán en duda la veracidad de la historia de Oriol. Y, ojo, no es algo necesariamente malo. Como dice Rodrigo Fresán: «El máximo halago que se le puede hacer a la realidad es convertirla en una ficción». Y si no es convertirla, será pensarla.

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