La loca teoría del origen del nombre de la Boquería

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Hay dos versiones, pero la segunda es la que nos gusta.

Si cogiésemos a la etimología y la elevásemos a la categoría de ciencia sería para, acto seguido, decir que es la ciencia más intrascendente posible. Y el lector de estas líneas coincidirá con servidor a través o a partir de este ejemplo: si las Boquería la visitan diariamente cerca de 25 mil personas, ¿qué cambia que sepan el origen de su nombre?

En este caso, no cambia nada. Pero uno siente inclinación hacia la intrascendencia y resulta apetecible contar esta historia. Sea como fuere, hay dos posibles orígenes etimológicos. Pero en ambos casos es necesaria una brevísima introducción histórica.

Dicen las fuentes que he consultado para escribir este artículo que los primeros documentos que referencian a la Boquería datan de 1217. Pero las referencias hablan de la Boquería más como concepto que como lugar preciso. Y en esos documentos se dice que mercaderes, comerciantes y payeses vendían a las puertas de la ciudad para no tener que pagar los impuestos de intramuros. La zorrería de la época.

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Una versión (la que no es loca, la que es más plausible y consecuentemente más aséptica y sosa) dice que esta gente –sobre todo, la comunidad judía– vendía, principalmente, carne de cabrito. Y resulta que, en catalán antiguo, cabrito se dice boc. Y de boc, boquería. Bueno, bien. Suena bien.

La segunda versión, la que nos gusta y nos atrevemos a tipificar de loca, hace referencia a Ramón Berenguer. Ramón Berenguer (uno de todos, creo que el IV) era conde de Barcelona. Berenger, de la conquista de Almería de 1147, se trajo un souvenir. Dicho souvenir era una puerta.

Berenguer puso la puerta en Santa Eulàlia y quienes iban a comprar boc (o lo que fuera) a los puestos de la entrada, se quedaban boquiabiertos. O, mejor: boquibadats. Y de boquibadats, Boquería. Aunque al hilo de esta deformación fonética, hay otra teoría. Boquería vendría de badoquería (tontería, más o menos) porque la gente se quedaba atontada cuando estaba delante de los souvenirs que se trajo Ramón Berenguer.

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