¿Por qué todo el mundo le llama a Barcelona “la ciudad condal”?

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Han pasado más de mil años y aún sigue recibiendo ese apodo.

Suele ocurrir con quien escribe o habla de Barcelona –con frecuencia o no-. La gente emplea despreocupadamente el siguiente sintagma: “ciudad condal”. Muchas veces se hace incluso inconscientemente. El Madrid ha caído derrotado en la ciudad condal; Manuel Valls presenta su propuesta para ser alcalde de la ciudad condal; el Primark llega al centro de la ciudad condal. Todo el rato. Como un mantra aprendido u oído que debe ser repetido por aquello de la sinonimofilia.

El tema es que igual que con muchas palabras o expresiones como “por antonomasia” o como “ad hoc”, “ciudad condal” está integradísima en el imaginario colectivo. Y lo está sin que todo el mundo sepa por qué. Se supone que los barceloneses –es más, que los catalanes- tienen la lección aprendida. Pero no todo el que vive en Barcelona es oriundo de Cataluña –y consecuentemente tampoco de Barcelona. Por eso, para ti, que no lo sabes y que no te fías de Yahoo Respuestas, está este artículo.

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Lo cierto es que la respuesta es bastante sencilla y lo único que puede condicionar una dificultad de entendimiento son las rencillas políticas que se pueden derivar de esta denominación.

Barcelona es conocida como ciudad condal porque, en el siglo IX, el norte de Cataluña era una tierra de condados. Era una comarca –por así decirlo- del imperio carolingio. Una comarca conocida como Marca Hispánica. Una de las pocas resistencias al Califato de Córdoba. O, dicho de otra forma, la línea que creó Carlo Magno para defender a Francia de las fuerzas musulmanas.

El asunto es que el centro de operaciones, el lugar desde el que se organizaban los condados de la comarca era Barcelona. El que los regía era un conde. Un conde como Ramón Berenguer.

Otro día hablaremos de Ramón Berenguer en mayor profundidad. Pero hoy nos vamos a detener en él un segundito. Ramón Berenguer es la saga familiar que más consideración ha tenido hacia los estudiantes de Historia de los siglos posteriores: hasta cuatro generaciones de condes llamados así tienen este nombre. Incluso cuando al Ramón Berenguer primigenio le salieron gemelos, tuvo la misericordia de invertirle el nombre a uno de ellos. Le llamó Berenguer Ramón.

El cuarto de la saga –Ramón Berenguer IV- se casó con Petronila de Aragón. En un matrimonio que suponía la unión entre los condados catalanes y el Reino de Aragón. En un matrimonio que daría lugar a la Corona de Aragón.

Explicado esto, lo único que supondría un enigma sería el hecho de que se haya mantenido un apodo puesto mil años atrás. Aunque ese es otro tema.

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