¿Por qué se regalan rosas y libros en Sant Jordi?

Los hombres regalan una rosa a sus seres queridas y las mujeres, un libro a sus seres queridos. Pero, ¿por qué?

Todo hijo de vecino en general y libreros, floristas, escritores y editoriales en particular rodean con un círculo color rosa el 23 de abril. Año tras año, Sant Jordi se convierte en la excusa perfecta para armar una fiesta de carácter popular. Sardanas, castellers, jornadas de puertas abiertas, concursos y conciertos acompañan a los puestos de libreros y a los puestos de rosas.

Mientras tanto, casi como de forma automatizada, nosotros respondemos a un axioma: los hombres regalan una rosa a sus seres queridas y las mujeres, un libro a sus seres queridos. Aunque, no obstante, la inamovilidad de la tradición se ha maleabilizado y ahora los hombres regalan libros a hombres; las mujeres, a mujeres y los hombres, a mujeres.

(Por cierto, si no sabes qué libro regalar: aquí tienes una lista que quizás te interesa).

Poco importa la direccionalidad de rosa y libro. Lo importante es su presencia en ese día. Y dado el titular de este artículo, lo importante es por qué se regalan rosas y libros en Sant Jordi.

Y la ecuación se resuelve rápido. Aunque no deja de ser curiosa. Y es por la conjunción de dos elementos.

Elemento nº1: Sant Jordi, el dragón y la leyenda. Cuenta la leyenda –que siempre es mentirosa y caprichosa– que un dragón tuvo a bien aposentarse en Montblanc. Los vecinos del pueblo, para aplacar su ira, le entregaban –azar mediante– a una bella mujer a modo de merienda. Cuando llegó el turno de la hija del rey, el valiente –lo de valiente lo dice la leyenda– Sant Jordi le pegó cuatro espadazos, lo dejó tieso y por un proceso fantástico, el dragón se transformó en rosaleda. Sant Jordi, valiente y señorial, arrancó una rosa y se la entregó a la princesa. Y nosotros lo emulamos.

Por cierto: el Sant Jordi verdadero fue un soldado griego y luchó en el ejercito romano y se negó a perseguir a los cristianos y los romanos lo asesinaron y fue martirizado y murió el 23 de abril del año 303. De ahí que Sant Jordi se celebre el 23 de abril.

Elemento nº2: el Día Internacional del Libro. En 1995, la UNESCO estableció el 23 de abril como el día del libro. Y a partir de ahí el resto es historia.

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