Parece el día de la marmota, pero en versión pesadilla ferroviaria. Si tenías planes de salir de Barcelona este sábado o contabas con el tren para moverte por el área metropolitana, toca recalcular ruta (y armarse de paciencia). Rodalies de Catalunya ha vuelto a suspender la circulación de todos sus trenes de cercanías y media distancia. El servicio, que ya vivió un apagón total el miércoles y el jueves tras el trágico accidente en Gelida, ha vuelto a quedar herido de muerte este mediodía tras una mañana de incertidumbre y desinformación en los andenes.
La decisión no ha sido gratuita. La Generalitat se ha plantado ante Renfe y Adif, y la consellera de Territori, Sílvia Paneque, ha sido exigido la parálisis total del servicio hasta que se garantice la fiabilidad del sistema. La red está ahora mismo bajo la lupa de una auditoría de seguridad tras detectarse varios «puntos negros» donde el terreno es inestable.
El detonante: una semana negra de desprendimientos
Lo que comenzó como una crisis derivada del temporal Harry y la borrasca Ingrid se ha convertido en un problema estructural que ha dejado a miles de usuarios en tierra. El servicio intentó recuperar la normalidad el viernes, pero la realidad se impuso en forma de barro y rocas. Un desprendimiento de tierra en la R1, entre Blanes y Maçanet-Massanes, obligó a un maquinista a frenar en seco para evitar una tragedia mayor, reabriendo una herida que todavía escuece tras el choque contra un muro en la R4 el pasado martes.
Este sábado la historia se ha repetido. Un nuevo desprendimiento, esta vez en la línea R4 entre Cerdanyola del Vallès y Sabadell Sud, ha sido la gota que ha colmado el vaso de la administración catalana. Ante el riesgo evidente de que otros tramos de la red cedan por la acumulación de agua y la falta de mantenimiento en los taludes, se ha optado por el «riesgo cero»: trenes a cocheras y revisión técnica de cada kilómetro de vía.
Alternativas y un futuro incierto en las estaciones
¿Y ahora qué? Pues de momento, el panorama en estaciones como Sants o Plaça Catalunya es de pantallas en negro y muchos chalecos amarillos tratando de explicar lo inexplicable. Se han habilitado planes alternativos de transporte por carretera, con autobuses lanzadera en los tramos más críticos, pero la capacidad es limitada y las colas ya empiezan a recordar a las de los peores días de huelga.
La Generalitat no solo pide seguridad, sino también una compensación para los sufridos viajeros. Entre las exigencias sobre la mesa está la gratuidad del servicio alternativo y de los propios trenes cuando estos vuelvan a circular, como gesto por el caos vivido esta semana. De momento, no hay una hora clara de regreso. El secretario de Estado de Transportes se ha desplazado a Barcelona para tratar de desencallar una crisis que ya ha trascendido lo técnico para convertirse en un polvorín político y social. Toca, una vez más, buscar el coche compartido o confiar en que los autobuses den abasto.