Walden 7, ¿fracaso u obra de arte?

Walden 7 es uno de los edificios más polémicos de España.

¿Cómo empezar a hablar de Walden 7? Quizás un buen punto de partida es el siguiente: una de sus principales ventajas terminó por ser su principal inconveniente. Me explico: la pretensión de Walden 7 era ser el nuevo modelo de vivienda social y su bajo presupuesto fue (es) la horma de su zapato.

De ser concebido, de alguna forma, con mayo del 68 en mente a ser ejecutado por una filial de ACS. De aprobar las obras en el 70, empezarlas en el 73, parar las obras por impagos y terminarlas unos años más tarde a ser una mina de dinero para la albañilería: en 2011 se arreglaron bajantes, se acondicionaron fachadas…

¿Por qué?

Previendo la gran densidad edificatoria por metro cuadrado, el equipo (liderado por Ricardo Bofill) que diseñó Walden 7 –que en un principio se iba a llamar Ciudad del Espacio e iba a estar en Madrid– proyectó el edificio como una alternativa al ya atávico bloque de viviendas. Walden 7 iba a ser una microciudad dentro de una ciudad. Una ciudad en vertical. Una colonia con tiendas, casas, comercios y una estructura enfocada a la estrecha relación vecinal.

La intención del Taller de Arquitectura era, en palabras de Miró i Rufà: “Una nueva concepción psicológica de nuestro medio urbano, en contraposición con la concepción únicamente técnica y especulativa que preside la mayoría de agrupaciones urbanas actuales”.

El entorno

Igual que en cueva o castillo mágico

Todo iba a cambiar en aquel sitio,

Todo iba a cambiar porque en el sueño

Las cosas imposibles ocurren fácilmente

Estos versos, que le corresponden a José Agustín Goytisolo, antiguo vecino de Walden, ponen de manifiesto las expectativas generadas alrededor del edificio. “Todo iba a cambiar en aquel sitio” es un verso revelador. Walden 7 quiso ser la piedra de toque de un cambio absoluto en el sector de la construcción del extrarradio barcelonés.

Mastodóntico y futurista, Walden 7 contrasta violentamente con el resto de los edificios que lo rodean. Y Bofill lo referencia en su página web con un poco de clasismo y otro poco de desprecio elitista: “El Walden 7 contrasta con la mediocridad de su entorno” o “incorpora el concepto de magnitud arquitectónica con la ambicion de ennoblecer el entorno suburbano que rodea el edificio”.

¿Y ahora?

16 pisos de altura, 18 torres, una superficie de 31.140 metros cuadrados, 446 apartamentos, más de mil personas que lo habitan y 40 años desde su edificación. Así se entiende en cifras Walden 7.

Walden 7 además de ser poco funcional –insistimos: edificios, grietas, suelos levantados–, suele estar en todas las listas de edificios más feos de España. Aunque, claro, no faltó tampoco quien, en su día, se cachondeó de algunas de las edificaciones de Gaudí. Porque una cosa está clara: a Walden 7 el cliché (“no deja indiferente a nadie”) le viene pintiparado.

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