Pasear por el Eixample es, a menudo, un ejercicio de pura contemplación, donde la elegancia de las fachadas clásicas convive con el ritmo de sus calles. Sin embargo, en los últimos días, los peatones de la calle Consell de Cent se han topado con un invitado de lo más insólito: una enorme y caricaturesca porción de queso amarillo con ojos estrábicos, que a muchos recuerda a los dibujos de Bob Esponja. Esta figura es la tarjeta de presentación de Boom Cake, un futuro local de tartas japonesas y pasteles de cumpleaños que ha conseguido estar en boca de todos sin haber llegado siquiera a abrir sus puertas.
La aventura de este singular inquilino será, no obstante, bastante breve. A raíz de las quejas vecinales, el ayuntamiento ha abierto un expediente sancionador al considerar que el diseño choca con la normativa de paisaje urbano de la ciudad. Lejos de desanimarse, los responsables del negocio han confirmado que la próxima semana desmontarán la pieza, aprovechando el tropiezo para presentarse en sus redes sociales como la pastelería más viral del momento en la capital catalana.
Un viaje por mar que termina en mudanza
Detrás de este llamativo queso hay casi un año de preparativos. Según han compartido los propios dueños a través de su cuenta de Instagram, dar vida a esta pieza implicó varias revisiones de diseño, su modelado en fibra de vidrio y un largo transporte marítimo hasta llegar a su escaparate barcelonés. A pesar del esfuerzo invertido, el negocio ha acatado la normativa con rapidez y buenas formas.
A través de sus primeras publicaciones, que se han centrado íntegramente en esta peculiar polémica, los propietarios han explicado que su intención nunca fue incomodar. “Nunca imaginamos que nuestro pequeño ‘quesito’ terminaría convirtiéndose, sin querer, en el centro de atención”, señalan en su perfil. Como solución, ya preparan un diseño más sobrio que se integre de manera armoniosa con el estilo arquitectónico del barrio.
El debate sobre el alma del barrio
Aunque el queso tiene los días contados, su breve aparición ha destapado una conversación mucho más profunda en las calles de la zona. La Asociación de Vecinos de la Dreta del Eixample ha celebrado la decisión de retirar la estructura, pero no ha dejado pasar la oportunidad para lanzar una reflexión sobre el rumbo del distrito.
Para la entidad vecinal, este caso no es más que una anécdota que refleja un fenómeno mucho mayor: la transformación del tejido comercial de Barcelona. Según apuntan, el aumento del turismo está atrayendo un modelo de tiendas cada vez más alejado del comercio de proximidad, ese que está pensado para resolver el día a día de los vecinos y que, poco a poco, comienza a ser una rareza en el centro de la ciudad.