Si esta mañana te ha costado salir de debajo del edredón más de lo habitual, no eres tú, es que Barcelona se ha convertido, literalmente, en una nevera. La llegada de la borrasca Francis y una masa de aire ártico nos han regalado el despertar más gélido de los últimos años. No hablamos solo de esa sensación de «hace fresquito» al bajar a por el pan; hablamos de datos históricos que nos han obligado a rescatar las capas de ropa más gruesas del armario.
El Observatori Fabra ha registrado esta madrugada una mínima de -2,5 grados. Para ponerlo en perspectiva: es la temperatura más baja anotada en la ciudad desde febrero de 2018. Casi diez años han tenido que pasar para que el mercurio bajara tanto en la capital, dejando valores que están hasta cinco grados por debajo de lo que suele ser normal para un inicio de enero.
Un miércoles de récord en toda Catalunya
Aunque en el Raval la densidad urbana siempre ayuda a mantener un poco el tipo (con mínimas que se han quedado en los 2,5 grados), en otros puntos de la ciudad el frío ha sido cortante. En la Zona Universitària, por ejemplo, el termómetro apenas subía de los 1,6 grados durante la noche, y las máximas de la mañana no han llegado ni a los 4 grados. Es, sin duda, la jornada más fría de este episodio que, aunque técnicamente no se ha catalogado como ola de frío, nos ha hecho tiritar a todos por igual.
Fuera de Barcelona, el panorama es de postal ártica. En el Pirineo, estaciones como la de Cap de Vaquèira han alcanzado los -17,4 grados, una cifra que hiela la sangre solo de leerla. Localidades como Das, en la Cerdanya, o Puigcerdà han vuelto a demostrar por qué son el congelador de Catalunya, moviéndose entre los -10 y los -15 grados. Incluso en zonas del litoral como Badalona o L’Hospitalet de Llobregat, el termómetro ha coqueteado peligrosamente con los cero grados, algo poco frecuente en nuestras latitudes costeras.
Precaución y últimos coletazos del frío
Ante este escenario, el Servei Meteorològic de Catalunya mantiene activados los avisos de nivel naranja por bajas temperaturas. No es día para experimentos al aire libre; desde Protecció Civil recomiendan mucha prudencia, especialmente con las placas de hielo que pueden formarse en las carreteras de los alrededores de Barcelona y en las zonas de sombra. También sugieren adaptar los paseos con mascotas y las actividades deportivas para evitar las horas más críticas de este miércoles gélido.
La buena noticia para los que ya echan de menos el sol de terraza es que este parece ser el pico del episodio. Los pronósticos indican que a partir del jueves las temperaturas iniciarán un ligero y progresivo ascenso, aunque el ambiente invernal seguirá acompañándonos unos días más. De momento, toca disfrutar de esa Barcelona de bufanda y vaho en la boca, una imagen que, por mucho que nos haga tiritar, tiene su encanto de ciudad nórdica por un día.