Caminar por el asfalto de Barcelona a mediados de julio puede sentirse, en ocasiones, como intentar cruzar un desierto sin cantimplora. El calor en la ciudad ha dejado de ser una anécdota estival para convertirse en un reto de diseño urbano. Por eso, ver cómo los espacios grises se transforman en lugares donde el agua es la protagonista siempre es una buena noticia, especialmente si vives en un barrio tan denso como el Eixample.
En esta búsqueda constante por encontrar rincones donde la brisa no sea un espejismo, como los juegos de agua de Gòries, la Avenida Mistral está a punto de cambiar su fisonomía. Lo que hasta ahora era un área de juegos convencional entre las calles Entença y Rocafort, se prepara para una metamorfosis que lo convertirá en el epicentro del frescor en Sant Antoni.
Un oasis de aspersores en pleno asfalto
La gran novedad de esta reforma es la instalación de un área de 42 metros cuadrados dedicada exclusivamente a juegos de agua. El proyecto, que cuenta con una inversión de 220.000 euros, no busca solo poner un par de fuentes, sino crear un sistema dinámico de surtidores y aspersores diseñados para que los más pequeños puedan jugar mientras se refrescan. La idea es que este espacio funcione como un refugio climático al aire libre, una alternativa necesaria para las familias que pasan el verano en la ciudad.
El diseño del parque se ha pensado para ser funcional y seguro. El suelo será de hormigón antideslizante con una pendiente suave que dirigirá el agua hacia un sistema de drenaje central, evitando que se formen charcos estancados. Además, se ha puesto especial énfasis en la accesibilidad, permitiendo que niños con diversidad funcional puedan disfrutar de los chorros de agua en igualdad de condiciones. Para mantener el orden y la seguridad durante los meses de uso intenso, se instalarán vallas perimetrales que delimitarán la zona de juego.
Sostenibilidad y red de refugios climáticos
A pesar de la espectacularidad de ver agua brotando del suelo, el consistorio ha querido marcar límites claros para evitar el desperdicio. Los juegos funcionarán únicamente de junio a septiembre y se activarán mediante un pulsador manual, limitando el consumo máximo a 10 metros cúbicos diarios. Es un equilibrio delicado entre la necesidad de refrescar el ambiente y la gestión responsable de un recurso cada vez más escaso.
Esta actuación en Sant Antoni no es un caso aislado, sino que forma parte de una estrategia más amplia para blindar a la ciudad contra las olas de calor. Barcelona ampliará su red de refugios climáticos este año, alcanzando cerca de 230 espacios repartidos por todos los distritos. Entre ellos se incluyen desde bibliotecas y museos con aire acondicionado hasta parques con alta densidad de sombra y, ahora, ocho puntos específicos de juegos de agua similares al de Mistral. El objetivo final es que cualquier vecino tenga un lugar donde refugiarse del sol a menos de cinco o diez minutos a pie de su casa.