El mejor kebab de España se come en Barcelona

Este título, que le otorgué tras darle el primer bocado, es tan cierto como personal

De un tiempo a esta parte, pienso en la gourmetización o elitización de los productos popularmente exportados de otros países. Como consecuencia de la globalización, donde antes estaba el Bar de Paco, ahora está el bar de Yu Qing. Cosas de la vida. Más variedad gastronómica.

Decía que de un tiempo a esta parte pienso en la gourmetización de esta comida. En la dualidad de precios y calidades que la puede caracterizar: se puede comer en un restaurante italiano por 5 euros y se puede comer en otro por 50. Se puede comer en un japonés por 10 y en otro por 100. Y así prácticamente con todo: la materia prima mejora, la forma de hacerlo se renueva o se reinventa. Tal cocinero explora las posibilidades de esa receta. El precio aumenta, en suma.

Pero dentro de esta reflexión chusca y banal reparaba en algo: con el kebab no ocurre algo así. El kebab se mantiene incólume ante los delirios de grandeza de un cocinero. Es impermeable a toda innovación gastrocultural. Sigue ahí. Como comida popular exportada de Oriente Medio. Como alimento ideal para que “empape” la bebida. O al llegar de fiesta. No tiene más ambiciones, el kebab.

Como adversativa al párrafo anterior, reparaba gracias a un artículo de Tapas en que no es así. No en Barcelona. No hasta hace apenas seis meses. No gracias a Bellako.

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Bellako es la constatación de que el último bastión de la gourmetización, el kebab, ha caído. Pero ha caído dignamente, con honores y sin catástrofes que hayan provocado el derrumbe. Ha caído de pie, como se suele decir.

En Bellako (Marina, 244) ofrecen la versión renovada o reestructurada o reinterpretada o redescubierta o el prefijo re acompañado del verbo en participio que quiera el lector. Siendo, además, completamente respetuosos con aquello que le ha hecho triunfar al kebab: el precio. La horquilla de pasta entre el más barato y el más caro es de apenas 3 euros. El más barato cuesta 5’8 y el más caro, 9.

La diferencia entre precios alude al contenido del bocadillo, lógicamente. Se puede elegir ternera angus, pollo de l’empordá o secreto ibérico. Pero también al pan que lo envuelve: libanés o de pita. Además, las verduras que lo completan son de proximidad. Ah, y hay kebab para vegetarianos.

Foto de portada: Tapas.

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