Yo también quería ser hijo de Dalí

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Dalí

Ayer se dieron los resultados definitivos de una prueba que anunciamos hace tiempo, la exhumación del cadáver de Salvador Dalí para hacerle pruebas en un asunto de paternidad. Al final las pruebas le han salido rana a Pilar Abel, natural de Figueres y que mantiene que el eterno artista catalán es padre suyo. Tras sacar ADN del cadáver del pintor y compararlo con el de Pilar Abel y su madre los estudios han llegado a la conclusión contundente: Dalí no es el padre.

La noticia no deja de ser una mera curiosidad, pero nos ha dado por pensar: ¿cómo sería ser hijo de alguien como Dalí? Por desgracia, Dalí no tuvo descendencia y no podemos ir con un micro a nadie a preguntarle por la experiencia. Pero eso no nos ha impedido quedarnos con la duda y nos hemos dado a un ejercicio de imaginación para ponernos en el lugar. ¿Qué vida tendríamos con papá Dalí?

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Dalí de niño.

La cabeza nos explota ante la hipótesis y no sabemos ni por dónde empezar. Son demasiadas cosas que se nos ocurren, a cada cual más curiosa. Lo primero y lo más importante a pensar es: ¿Cómo nos llamaríamos? No creo que Dalí ni Gala nos pusieran de nombre Paco o María. Probablemente nos tocaría algún nombre bíblico que no recuerda ni el tato, un nombre extranjero que suene bien (el francés tendría muchas papeletas) o, nuestra preferida, uno totalmente inventado. ¿No sería ideal ser el único en el colegio, y en la vida, en tener un nombre propio solo para ti?

Y luego llegaría nuestra infancia. Sería gracioso, porque con todas las movidas que tendríamos en casa, los otros niños del cole serían los “raritos”. Dalí nos intentaría vestir de su guisa, y su “surrealismo soy yo” también se convertiría en “surrealistas son mis hijos”. A saber qué atuendos (o falta de atuendos) llevaríamos a clase. Aunque por aquellos tiempos suponemos que ni Dalí Junior podría traspasar las difíciles fronteras del uniforme escolar.

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Pero lo mejor, sin duda, sería a la hora de volver a casa. Allí daríamos rienda suelta a nuestra imaginación y travesura, porque barreras suponemos que tendríamos pocas. No veo a Dalí diciéndonos que no pintemos garabatos en la pared ni a Gala echándonos la bronca por comer desnudos. Sería un poco peligroso porque, quien sabe, podríamos.. ¡acabar convirtiéndonos en nuestro propio padre!

O no, o quizás por aquello de alejarnos de la imagen paterna seríamos alguien sobrio, serio y formal sin ningún tipo de excentricidad a la vista. Aunque por dentro nos estaría carcomiendo nuestra vena artística y juguetona. Quién sabe si podríamos contenerla para ser auténticos genios.

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