Barcelona tiene esa extraña habilidad de esconder palacios entre la maleza. Si alguna vez has subido por la carretera de la Rabassada, probablemente hayas sentido ese escalofrío nostálgico al pasar junto a las ruinas de lo que un día fue el epicentro del vicio, el lujo y la alta sociedad barcelonesa. Pues bien, si tienes un millón y pico de euros ahorrados y ganas de revivir la historia, estás de suerte: el antiguo Casino de la Rabassada está oficialmente en el mercado.
El complejo se vende por 1,7 millones de euros, una cifra que, viendo cómo está el alquiler en el Eixample, casi parece una anécdota para quien quiera hacerse con más de 100.000 metros cuadrados de historia pura en pleno pulmón de Collserola. El anuncio, publicado recientemente en portales inmobiliarios, ofrece la oportunidad de adquirir un espacio que, aunque hoy parezca el escenario de una película de terror gótico, fue en su día el «Las Vegas» particular de la burguesía catalana.
De la gloria de la Belle Époque al olvido de la guerra
Para entender qué estamos comprando (o qué estamos dejando pasar), hay que viajar a 1911. Imagínate la escena: 300 invitados de etiqueta inaugurando un casino que costó la friolera de 2,5 millones de pesetas de la época. Tenía de todo: un hotel de gran lujo con pinturas de Lechevallier Chevignard, un restaurante de cocina francesa y hasta un parque de atracciones con una montaña rusa que, según cuentan las crónicas de la época, era la envidia de Europa.
Sin embargo, el destino fue cruel con este palacio de los excesos. La prohibición del juego en 1929, bajo la dictadura de Primo de Rivera, fue la primera estocada. Luego llegó la Guerra Civil, donde el edificio sirvió como refugio antiaéreo y cuartel improvisado, para acabar siendo demolido casi por completo en 1940. Desde entonces, la naturaleza se ha encargado de reclamar lo que es suyo, dejando un rastro de escalinatas comidas por el musgo y habitaciones que son el paraíso de los exploradores urbanos.
Un futuro entre talleres de arte y naturaleza
A pesar de su estado actual, la finca no es solo un montón de piedras con vistas. Se trata de un edificio catalogado por el registro de masías del Parque de Collserola, lo que significa que no puedes plantar ahí un bloque de apartamentos turísticos (por suerte). Según la inmobiliaria Soler Finques, los usos permitidos para el inmueble principal que queda en pie están orientados a actividades artesanales, artísticas o de investigación.
Es decir, el futuro del Casino de la Rabassada podría pasar por convertirse en un estudio de grabación envidiable, un taller de escultura o un centro de desarrollo tecnológico rodeado de pinos. Además, el lote incluye algo que no tiene precio: los derechos exclusivos del nombre «Casino de la Rabassada» para actividades culturales y recreativas.
Mientras esperamos a ver quién se atreve a meterle mano a este gigante dormido, siempre nos quedará el paseo por sus alrededores para imaginar, entre las fuentes secas y las paredes desconchadas, el eco de las risas y el tintineo de las fichas de una Barcelona que ya solo existe en los libros de historia.

