Barcelona es esa ciudad que, cuando crees que ya la tienes mapeada de arriba abajo, te salta con alguna novedad. Bueno, técnicamente no está en la capital, pero sí en ese patio trasero privilegiado que es Canyet, en Badalona. Allí, entre la frondosidad de la Serralada de Marina y el eco del Mediterráneo, se esconde El Castellet, una propiedad que parece sacada de una novela romántica del siglo XIX y que acaba de aterrizar en los portales inmobiliarios buscando nuevo dueño.
No es habitual despertarse y ver que alguien ha puesto el cartel de «se vende» en una fortaleza, pero el mercado inmobiliario de la periferia barcelonesa siempre guarda un as bajo la manga. Esta finca rústica no es el típico bloque de hormigón, hablamos de una superficie de más de 25.000 metros cuadrados donde el tiempo parece haberse detenido entre pinos piñoneros y huertos de regadío. Lo más curioso es que, pese a esa sensación de aislamiento monacal, la civilización, concretamente el Nus de la Trinita, queda a unos escasos cinco minutos de reloj en coche.
Un capricho neoárabe entre viñas de Alella

Lo que realmente hace que te detengas a mirar las fotos de Idealista es su arquitectura. El Castellet no es una masía al uso, sino una torre de estilo neoárabe tardío construida entre los años 20 y 30. Sus fachadas y estancias conservan ese aire exótico que tanto gustó a la burguesía de la época, sumando más de 240 metros cuadrados de historia habitable. Pero el pack no acaba en la torre principal: la propiedad incluye una casa de masoveros con su propia bodega antigua, recordándonos que aquí, antes que selfis, se hacía vino.
De hecho, uno de los grandes activos de la finca es su viña de secano con Denominación de Origen Alella. Poseer un pedazo de una de las D.O. más pequeñas y exclusivas de Cataluña es un lujo que pocos pueden decir que tienen en su jardín. La finca, además, es prácticamente autosuficiente en términos de hidratación, ya que cuenta con dos pozos propios y balsas de riego, un detalle nada despreciable en los tiempos de gestión hídrica que corren.
Una inversión para vivir (muy) tranquilo

Evidentemente, comprarse un castillo no es como alquilar un estudio en Gràcia. El precio de salida se ha fijado en 1.499.000 euros, una cifra que, aunque impone, se sitúa en el rango de lo que cuesta un piso de lujo en el Eixample, pero con el añadido de tener tu propio bosque privado. Al estar catalogada como una zona de interés tradicional, la normativa protege el entorno, lo que garantiza que ningún rascacielos te quitará las vistas al mar ni la paz de la montaña.
Para quienes busquen un proyecto de vida vinculado a la tierra, la recuperación de cultivos tradicionales o simplemente quieran jugar a ser señores feudales con fibra óptica y conexión rápida a la B-20, El Castellet es, ahora mismo, la pieza más rara y codiciada del tablero metropolitano. Es la oportunidad de vivir en una Badalona que no parece Badalona, mirando a Barcelona desde la distancia justa para echarla de menos.
Si te animas a ir, ni que sea a verlo, puedes aprovechar para hacer una escapada gastronómica por Badalona para disfrutar de lo que podría ser tu futura ciudad.