Existe un libro raro de Barcelona que explica la historia de los boxeadores republicanos de la ciudad en una Barcelona republicana donde el boxeo aún estaba de moda y sus seguidores se reunían en el Bar Mundial, un bareto de un Born que, en aquel momento, era un abigarrado barrio popular de la ciudad y no el paisaje turístico que es ahora.
Ese Bar Mundial sobrevivió a la República, a la guerra, al franquismo y a la llegada de la democracia, pero murió en 2020 con la pandemia, cuando cerró para no volver a abrir. Hasta ahora, en que el el Mundial ha reabierto casi igual que cuando abrió y buscando respetar la esencia de lo que fue: un bar de barrio y cultura popular.
Lo que fue el Born
El Mundial ha reabierto ahora con el grupo Confitería, que ha respetado casi todo: buena parte de la decoración interior, la barra de mármol, las botellas, las mesas… Y ha potenciado otras cosas para hacerlo más parecido a 1925, cuando abrió, y menos al 2020, cuando cerró. De ahí su letrero modernista y las fotos antiguas recuperadas.
Con la carta lo mismo. El Mundial era una marisquería informal antes de que éstas se llamaran así, y el nuevo Mundial respeta esa esencia con una carta basada en platillos de marisco sencillos: anchoas, gambitas saladas, cazón o, lo que más nos gustó, huevos fritos con gamba de cristal. Algo más elaborado, aunque nos gustó menos, el pepito de atún y los callos marineros, o sea, un cap i pota con vieiras. Como lo resumen, buscando concentrar el Mundial de antes: «fritura, plancha y concha».
Con el vino, lo mismo: adiós al vino natural, hola al vino a granel, en jarras y salido de un surtidor. Hola también al ruido, la mesa pequeña y las papeleras en el suelo. Hola también de nuevo, a las colas y el gentío, que ha vuelto, de momento, a llenar con ganas el local recordando, cuando pueden, que ellos ya venían cuando esto estaba abierto antes, cuando el Borne era para la gente de aquí y no la de allí.
Muchos se sentarán bajo la placa que recuerda que Gabriel García Márquez dijo que no hubiera escrito sus cien años de soledad de haber descubierto el Bar Mundial antes. Para ellos y, quizás también para García Márquez si levantara la cabeza, ver el Mundial reabierto como algo parecido a lo que fue, y no como otro brunch o cevichería en el Born, es un motivo de alegría.

