Barcelona es una ciudad de barrios que «fan pinya», y Sants acaba de dar una lección magistral. El protagonista es La Nova Farga, el icónico restaurante de la Plaça de la Farga, y el villano de esta historia, cómo no, la burocracia.
Resulta que, tal y como explica el3notícies, el medio de información local de Sants, a Ramon Puñet, su propietario, le ha caído un «marrón» inesperado: una deuda de 8.200 euros con la Agència Tributària Catalana. El lío viene de las ayudas Covid que, según explica Ramon, nadie le avisó de que tuviera que devolver. Para colmo, un error en la dirección impidió que recibiera las notificaciones, y la cifra empezó a sumar recargos.
La situación era tan límite que Ramon se planteó seriamente tirar la toalla y cerrar. Pero entonces, al igual que ya ha pasado otras veces en otras zonas de la ciudad, pasó la magia de Sants.
El micromecenazgo vecinal
Fueron los propios vecinos quienes le animaron a quemar el «último cartucho»: lanzar una campaña de micromecenazgo. Dicho y hecho, «Salvem la Nova Farga» ya está en Verkami y la respuesta ha sido brutal.
El objetivo es alcanzar esos 8.200 euros antes del 13 de diciembre. A día de hoy, ya llevan más de 5.897 euros recaudados gracias a 150 mecenas que han aportado a cambio de menús, ayuda simbólica o las míticas camisetas del «Pompeu Farga».
Ramon está abrumado por el apoyo y ya piensa en la fiesta que montarán si lo consiguen. De hecho, la respuesta ha sido tan masiva que seguramente tengan que buscar un sitio más grande en el barrio, como Can Batlló, porque en el bar no cabrán todos.