Barcelona es una ciudad que se despierta con olor a mantequilla y hojaldre, y este pasado fin de semana ese aroma se ha concentrado con una intensidad inusitada en la montaña de Montjuïc. No es para menos, ya que el Poble Espanyol ha vuelto a ser el escenario de una de esas citas que marcan el calendario de los más golosos. El Croiss&Fest ha bajado el telón de su segunda edición consolidándose como el evento de referencia para los amantes de este bollo que, aunque de origen francés, ya es patrimonio sentimental de cualquier barcelonés que se precie de desayunar bien.
Tras tres días de actividad frenética, entre sesiones de DJ, talleres de alta pastelería y un ambiente que recordaba a las mejores fiestas de barrio pero con un toque refinado, la organización ha confirmado lo que se intuía al ver las colas en los mostradores. Unas 22.000 personas han pasado por el recinto, devorando cerca de 35.000 unidades. La cifra es mareante y demuestra que la fiebre por el croissant artesano no es una moda pasajera, sino una pasión que este año ha compartido protagonismo con el marco arquitectónico del Poble Espanyol, especialmente relevante ahora que la ciudad ostenta el título de Capital Mundial de la Arquitectura.
Los grandes triunfadores del fin de semana

Aunque el nivel de los participantes era altísimo, con nombres propios como Brunells (que ya sabe lo que es ganar concursos nacionales) o Mervier Canal, el palmarés de este año ha recaído en dos propuestas muy distintas pero igualmente fascinantes. El jurado de expertos, entre los que se encontraban perfiles como el de Edu González (famoso por sus rutas de bravas) o especialistas de la Escuela de Pastelería del Gremio de Barcelona (EPGB), ha dictaminado que el mejor croissant de esta edición es el Berry Bliss de Takashi Ochiai. Esta pastelería, que lleva desde 1983 fusionando la técnica japonesa con la tradición local en la calle Comte d’Urgell, ha convencido con una pieza rellena de crema de mascarpone, compota de fresa y menta, coronada con un streusel crujiente.
Por otro lado, el termómetro de la calle ha ido en una dirección diferente, buscando la nostalgia y la sorpresa visual. El premio del público ha viajado hasta Terrassa de la mano de El Secreto de Ciscu. Su propuesta, bautizada como Croissant Drácula, ha sido el fenómeno viral del festival. Inspirado en el mítico helado de los años 80, este croissant cuenta con una cobertura de cola, relleno de vainilla y un sirope de fresa ácida que ha conquistado a los miles de asistentes que depositaron su voto tras el correspondiente festín.
Un producto que conquista la cocina salada

Más allá de los premios, el festival ha servido para confirmar que el croissant ha saltado definitivamente la barrera del desayuno. Durante el evento se han podido degustar versiones que lo integran en platos principales, como hamburguesas o bikinis elaborados con masa de croissant, una tendencia que ya hemos visto crecer en locales de la ciudad y que aquí ha encontrado su máxima expresión. Acompañados por café de especialidad de productores locales y las tartas de quesos de Joncake, la oferta gastronómica ha dejado claro que el sector artesano de Barcelona atraviesa un momento dulce, y nunca mejor dicho.
Esta victoria de la pastelería artesanal frente a la industrial no es solo una cuestión de sabor, sino también de apoyo al comercio de proximidad. Ver a pastelerías familiares competir y ganar frente a un público masivo es la mejor noticia para una ciudad que cuida su tradición gastronómica mientras se prepara para los grandes retos culturales del año. Si te has quedado con las ganas, siempre puedes visitar el Eixample para probar la joya de Ochiai o hacer una escapada al Vallès para descubrir qué otros secretos esconden en Ciscu.