La gastronomía es mucho más que echarse un trozo de comida a la boca. siempre ha sido mucho más que alimentarse. Es un acto social, un ritual. Y en el corazón del barrio de Sant Antoni, justo en el sótano de su emblemático mercado, esta máxima se lleva a un nivel completamente nuevo. Hablamos de la Cuina Comunitària de Sant Antoni, un proyecto que ha demostrado en poco más de un año que las ollas y los sartenes son las herramientas perfectas para coser el tejido social.
Lo que comenzó como una reivindicación vecinal durante la remodelación del mercado, se ha transformado en un vibrante punto de encuentro gestionado por la Federació d’Entitats de Calàbria 66. Y si bien el espacio está perfectamente equipado con encimeras, cocinas y hasta una cámara frigorífica, la técnica Carme Viñeta lo resume a la perfección con un cartel: «La cocina es la excusa».
Más que talleres de cocina: un lenguaje universal
A diferencia de un centro cívico o un obrador profesional, el objetivo aquí no es formar chefs ni producir grandes cantidades. Es utilizar el acto de cocinar y comer como un «lenguaje común y universal» que interpela a todo el mundo, como señala Marc Folch, técnico de Calàbria 66.
El resultado es un caleidoscopio de actividades que ya reúne a más de cuarenta vecinos de forma habitual. Por ejemplo, Mari Carme, que se quedó enganchada tras un taller de alimentación saludable para gente mayor, o Flora Alba e Iliana, quienes encontraron en el espacio la oportunidad de practicar catalán, hacer amistades tras mudarse a la ciudad y, lo más importante, salir de casa y romper con el aislamiento.
En torno a la mesa y el picador, se han encontrado soluciones a problemas de vivienda, se ha propiciado una valiosa interacción intergeneracional e incluso se han roto barreras en torno a la salud mental, al compartir espacio participantes del Servei de Rehabilitació Comunitària y otros vecinos sin diagnóstico.
De la lucha contra el despilfarro a lazos vecinales
El corazón del proyecto late fuerte en iniciativas como la Cuina Oberta, donde grupos de jubilados y vecinos se reúnen cada miércoles para decidir y preparar recetas de temporada. Pero va mucho más allá:
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Aprofita’m: En colaboración con la ONG De Veí a Veí, se recogen excedentes alimentarios de comercios del barrio para cocinar menús destinados a colectivos vulnerables, luchando así contra el despilfarro alimenticio mientras se fomenta el voluntariado y la participación.
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Cuinem Junts: Una actividad mensual que invita a familias con niños a cocinar de forma conjunta, garantizando el relevo generacional y la transmisión de hábitos.
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Colaboración con el Mercado: El espacio se utiliza para proyectos como «La escuela cocina en el mercado», donde alumnos aprenden sobre los alimentos comprando directamente a los paradistas antes de cocinarlos.
El impacto es tan positivo que la Cuina Comunitària ya está trazando nuevos caminos. Desde el diseño de un nuevo espacio para promover la interculturalidad a través de la gastronomía, huyendo de exotismos para acercar las diversas realidades del barrio, hasta la ampliación de actividades como el ‘Cuinem junts’ y la colaboración con los huertos urbanos del barrio.