Barcelona y las bravas son un matrimonio indisoluble, de esos que aguantan crisis y modas de aguacate tostado. Pero, como en todo matrimonio, hay días de vino y rosas y otros de platos mal ejecutados. Marc Ribas se ha propuesto encontrar la mejor ración de la ciudad en una entrega de Joc de Cartes que ha tenido de todo: desde cocineros al borde de un ataque de nervios hasta lecciones de cómo (no) tratar a un cliente con intolerancias.
Si buscas dónde mojar el tenedor este fin de semana sin jugártela, aquí tienes el resumen de una batalla gastronómica que ha incendiado las redes sociales y que nos ha recordado que, en cuestión de salsas, el equilibrio es un arte que no todos dominan.
Bar Bauma: el clásico que nunca falla
El gran triunfador de la noche ha sido el Bar Bauma, un rincón del Eixample que respira esa solera barcelonesa tan necesaria. Àlex Mitats ha conseguido lo que parecía imposible: poner de acuerdo a unos rivales que venían con el cuchillo entre los dientes. Con una cocina impoluta y un servicio que rozó el sobresaliente (un 7,7 de nota), el Bauma se coronó gracias a unas patatas crujientes que, aunque generaron debate por su corte «panadera», terminaron por conquistar el paladar del jurado y de Marc Ribas, llevándose también el premio al plato estrella. Es, oficialmente, la parada obligatoria de esta ruta.
Entre Gràcia, Ciutat Vella y Esplugues
En Gràcia, Atabalats Gastro Burgers defendió una propuesta moderna y pet-friendly. Alba Martínez presentó un local acogedor, pero la realidad de la cocina, descrita por los rivales como «claustrofóbica», y unas bravas que no terminaron de crujir, dejaron al restaurante con un aprobado raspado. Eso sí, se llevan el punto positivo por su variada oferta vegana, algo que siempre suma en un barrio tan ecléctico.
La tensión real, sin embargo, se vivió en Ciutat Vella. Tapes La Bona Sort jugaba con la ventaja de 40 años de experiencia familiar, pero el servicio se vio empañado por la actitud de su jefe de cocina. Entre gritos y una falta de tacto absoluta hacia la concursante celíaca, el restaurante se llevó un varapalo en redes y un suspenso en la categoría de bravas (4,7).
El punto más amargo del programa ocurrió en Esplugues de Llobregat. Raúl Ferrera, de La Mari Ollero, que durante todo el episodio se mostró como el crítico más feroz, no pudo sostener su propio listón. Ver patatas precocinadas en la nevera de un restaurante que aspira a ser el mejor de Barcelona es, como poco, un pecado capital para los puristas del tapeo.
