Barcelona tiene una habilidad especial para convertir esqueletos industriales en lugares donde, por fin, apetece pasear. Lo vimos con Can Batlló y ahora le toca el turno a la famosa Illa Citroën, ese reducto del motor entre los barrios de la Bordeta y Sants-Badal que tiene los días contados como concesionario para renacer como un oasis vecinal. El Ayuntamiento ya ha dado luz verde inicial a una reforma que promete cambiarle la cara a la zona con un parque urbano de 22.000 metros cuadrados y, lo más importante en los tiempos que corren, vivienda que no te cueste un riñón.
La operación no es moco de pavo. Estamos hablando de una superficie total de 35.000 metros cuadrados delimitada por la rambla de Badal, la Riera Blanca y la calle Constitució. El plan es derribar las antiguas instalaciones de Stellantis para abrir el barrio y conectar zonas que hasta ahora chocaban con un muro de hormigón y coches en exposición. Según los detalles del proyecto, se levantarán 104 pisos de alquiler público en la rambla de Badal, a los que se sumarán otras 110 viviendas de promoción privada, equilibrando la balanza residencial de un distrito que pide aire a gritos.
Un parque pagado por privados y más espacio para los colegios
Lo curioso de esta reforma, y que sigue la estela de otras grandes transformaciones en la ciudad, es que el mantenimiento y la construcción del gran parque central correrán a cargo del promotor privado de las viviendas. Este nuevo pulmón no solo servirá para que los vecinos de Sants estiren las piernas, sino que actuará como un puente verde que facilitará la caminata hacia L’Hospitalet, eliminando esa sensación de «frontera» urbana que suele haber en la Riera Blanca.
Pero la cosa no va solo de árboles y bancos. El tejido social del barrio también sale ganando con la reserva de suelo para equipamientos públicos. Entre las novedades más celebradas por las asociaciones de vecinos se encuentra la ampliación de la escuela Cavall Bernat, que ganará espacio para sus instalaciones, y la creación de tres nuevas piezas de uso público detrás de los edificios de la calle Constitució. Es, en esencia, devolverle al ciudadano un espacio que durante décadas estuvo cerrado al uso industrial.
El calendario de la transformación
Si eres de los que ya está buscando las zapatillas de running para estrenar el parque, toca tener un poco de paciencia, aunque el proceso ya es imparable. Se espera que la Generalitat otorgue la aprobación definitiva al Plan General Metropolitano durante la segunda mitad de 2026. A partir de ahí, el cronómetro se pone en marcha: el promotor tendrá un plazo de cuatro años para levantar los edificios y urbanizar ese jardín gigante que promete convertirse en el nuevo punto de encuentro del distrito.
Este proyecto se suma a la estrategia de «ciudades jugables» y verdes que Barcelona lleva años intentando implementar en sus zonas más densas. Al final, la transformación de la Illa Citroën es el ejemplo perfecto de cómo la ciudad madura: donde antes había ruido de motores y olor a aceite, pronto habrá juegos infantiles, vecinos estrenando balcón y mucho verde.
