Las heridas que a veces se abren de imprevisto en el suelo de nuestros barrios tardan en cicatrizar, sobre todo cuando engullen todo a su paso. Cuatro días después de que la tierra cediera de forma insólita en las obras de soterramiento de Montcada i Reixac, el pulso ferroviario ha vuelto a latir este domingo a primera hora con la reactivación de las líneas R2, R2 Nord y R11 de Rodalies.
El enorme agujero, que obligó a paralizar el servicio desde el pasado miércoles cerca del barrio de Vallbona, exigió una intervención de urgencia a contrarreloj. Tras conseguir rellenar la brecha y realizar lo que se conoce como «marchas blancas», viajes de prueba sin pasaje a bordo para garantizar la seguridad, durante la tarde del sábado, Renfe ha podido reabrir el paso de los convoyes hacia sus destinos.
Una grúa sepultada en las profundidades
La magnitud del hundimiento ha dejado cifras y escenas difíciles de imaginar en un entorno urbano. El colapso del terreno dejó un hueco de unos 17 metros de profundidad y otros 19 de diámetro junto al pozo donde debe arrancar el futuro túnel ferroviario.
La fuerza del desprendimiento arrastró hacia el fondo todo lo que encontró a su paso. Una grúa de grandes dimensiones, diversos generadores y una caseta de trabajadores fueron engullidos por la tierra y allí se quedarán: han quedado enterrados para siempre bajo el hormigón. Para poder sellar este enorme agujero, los operarios han tenido que verter 365 metros cúbicos de hormigón y 1.930 metros cúbicos de mortero.
Velocidad limitada y vigilancia bajo tierra
Aunque el servicio se ha retomado, todavía no podemos hablar de una normalidad absoluta. Renfe ha confirmado que todos los trenes que pasen por la zona afectada tendrán que reducir la velocidad de forma temporal como medida de precaución.
Mientras tanto, Adif mantiene activo un sistema de vigilancia constante en el área. Desde que ocurrió el incidente, la empresa ha realizado mediciones diarias, asegurando que «no se ha producido ningún tipo de movimiento o alteración del terreno, ni en la plataforma de la vía ni en las estructuras de los edificios próximos». El origen de este colapso se sigue investigando, aunque los técnicos apuntan a lo delicado del subsuelo en esta zona, muy influenciada por las aguas del acuífero del Baix Besòs y la cercanía tanto del río Besòs como del histórico Rec Comtal.
La R3, a medio gas por otro motivo
Por si la situación en Montcada no fuera suficiente, los viajeros de la R3 también se quedaron sin trenes este sábado, aunque por una razón muy distinta: un nuevo robo de cobre.
Para la mañana de este domingo, la circulación entre L’Hospitalet y Fabra i Puig ya se había conseguido retomar, pero arrastrando demoras que superaban la media hora. Para quienes necesitan viajar más allá, entre Fabra i Puig y Puigcerdà, la única opción por ahora sigue siendo un servicio alternativo de autobuses. Un contratiempo que no es nuevo en la red, ya que la mitad de los robos de este material en toda España suceden en Catalunya, dejando a miles de usuarios habituales atrapados en el andén.