Rosalía tiene un superpoder que va más allá de los Grammy: lugar que pisa, lugar que convierte en objeto de deseo. Aunque su vida transcurre ahora entre aviones y estudios internacionales, la de Sant Esteve Sesrovires nunca ha ocultado que su brújula emocional (y gastronómica) siempre apunta hacia Barcelona, convirtiendo en oro todo lo que toca (como ya pasó con la tortilla del Pollo).
Esta semana, la «Motomami» ha vuelto a ejercer de embajadora gastronómica de la ciudad dejándose ver en dos templos locales que representan las dos caras de la moneda barcelonesa: la tradición imperturbable y la modernidad más efervescente.
Un viaje a la Barcelona de antes en pleno siglo XXI
La gran sorpresa saltó en el corazón del Gòtic. Los clientes de la Bodega La Palma, situada en el número 7 de la calle de la Palma de Sant Just, no daban crédito cuando vieron aparecer a la artista. Lejos de las reservas exclusivas en restaurantes con tres estrellas Michelin, Rosalía optó por este rincón con solera fundado en 1935. El propio equipo del local compartió su entusiasmo en redes sociales con una foto que ya es historia del establecimiento, destacando la cercanía de una artista que, a pesar de la fama, sigue buscando el sabor de lo auténtico.
Entrar en la Bodega La Palma es, literalmente, retroceder casi un siglo. El local conserva esa esencia de las antiguas tiendas de ultramarinos donde se vendía vino a granel y aceite. Sus techos altos, sus vigas de madera y esas barricas que custodian el espacio son el refugio perfecto para quienes huyen de los locales «para turistas» que a veces plagan el centro. En su carta todo es bastante digno, y son importantes la ensaladilla, algunos guisos y las conservas.
Si os acercáis, por cierto, podéis tomar un vermut allí para acabar cenando en la Palma de Bellafilla, uno de los mejores restaurantes de Barcelona, en nuestra humilde opinión. Te contamos por qué aquí.
La parada obligatoria en el fenómeno «Bocata»
Pero la ruta no terminó en el clasicismo. La cantante también se dejó caer por el Bar Bocata, uno de los epicentros de la tendencia actual en Barcelona. Si la Bodega La Palma representa la herencia, el Bocata es el presente más vibrante. El local se ha hecho un hueco en la agenda urbana gracias a una propuesta sencilla pero infalible: bocadillos de autor con producto de primera calidad y una estética que enamora a Instagram.
La presencia de la artista quedó inmortalizada en un vídeo donde se la veía integrada totalmente en el ambiente distendido del local, luciendo incluso la ya famosa pegatina del bar. Esta doble elección demuestra que el radar de la cantante sigue perfectamente calibrado, saltando de los taburetes de madera de una bodega histórica a la energía de los nuevos proyectos que están redefiniendo el ocio en la ciudad. Una vez más, Rosalía ha dictado sentencia: Barcelona se come a bocados, ya sean de toda la vida o recién salidos del horno.