Sant Romà de Sau, el pueblo misterioso y sumergido

La Atlántida estaba a menos de cien kilómetros y no lo sabíamos.

Cualquiera (desde la ignorancia, eso sí) pensaría que nuestros antecesores eran oligofrénicos. ¡A quién se le ocurre construir una iglesia en un embalse! Qué torpeza la de quien nació antes que nosotros que quería que las carpas disfrutaran de un templo religioso o que el dresscode para entrar en una iglesia fuera un traje de neopreno.

Nada más cerca de la ficción. El pueblo sumergido al que nos referimos está ahogado por imperativo estatal. El pueblo, por cierto, es Sant Romà de Sau.

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Su historia es la siguiente: cerca de cien personas vivían felices (el estado en el que vivían es una suposición) en un pueblo del Valle del Ter. Vivían apaciblemente hasta que un señor vestido elegantemente dio unos cuantos aldabonazos –quizás mandó unas cartas- en las puertas de las casas del centenar de personas que habitaban Sant Romà de Sau.

Estábamos a principios de los 40 y el mensajero venía con malas noticias: u os mudáis u os ahogáis. (Historia que recuerda –por la imposición- a la de l’Hospitalet cuando tenía playa y tuvo que malvenderla)

Y como la muerte es la última opción, los ciudadanos de Sant Romà de Sau cogieron todo –sus muertos también- y se mudaron a la población vecina de Vilanova de Sau. Ah, aquello de que morirían ahogados era debido a que el Gobierno franquista iba a construir un dique en el Rio Ter para hacer un embalse. El embalse inundaría el pueblo. De ahí que nos tomemos la licencia de meter esta idea como una amenaza.

Las obras terminaron en algún momento de los sesenta y el pueblo se inundó por completo en 1965. Se inundó y dio lugar a un fenómeno sin comparación en bastantes miles de kilómetros a la redonda. El pueblo sumergido y el campanario resistiéndose a ahogarse.

Porque sí, los días que no está la “marea” muy alta, el campanario es visible. Harina de otro costal es en las épocas de sequía, cuando se puede ver el pueblo al completo. En estas épocas hay temerarios que descienden por la ladera del pantano. Temerarios, sí, contra lo timoratos que pudiéramos parecer: hay riesgo de derrumbe.

Una opción maravillosa para disfrutar de las vistas del valle es desplazarse hasta Tavertet. Tavertet está justo arriba y desde ahí se puede apreciar la belleza inconmensurable –lo cual es un pleonasmo porque no hay forma de medir la belleza- de la zona.

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