El edificio que hoy alberga el nuevo Teatre Raval no es solo un escenario, sino un testigo mudo de la evolución social del barrio. Su historia se remonta a 1930, cuando fue construido originalmente como el teatro de la parroquia de la Mare de Déu del Carme. Durante décadas, este espacio formó parte de la red de teatros parroquiales de la ciudad, cumpliendo una función de cohesión social y cultural para los vecinos de la zona junto a la plaza del Padró.
Tras haber acogido diversos proyectos artísticos a lo largo de casi cien años, el teatro vivió una etapa significativa de 17 años de gestión previa que finalizó recientemente debido a las dificultades derivadas de la falta de ayudas públicas. Fue en septiembre de 2024 cuando la compañía Oblideu-vos de nosaltres, liderada por Pep Tosar y Evelyn Arévalo, decidió adquirir la licencia y asumir el reto de devolver el brillo a este local histórico, firmando un contrato de explotación por 15 años con la parroquia.
Una reforma estructural y estética
La reapertura de este 2026 ha sido posible tras dos años de silencio administrativo y obras intensas. La intervención no fue superficial; según los responsables, se llevó a cabo una reforma integral que afectó tanto a la estructura básica como a la estética del local. El objetivo era transformar un espacio envejecido en un equipamiento competitivo que cumpliera con todas las normativas legales vigentes.
Este proceso de renovación ha permitido optimizar la distribución del edificio, creando la jerarquía de salas que se estrena hoy. La reforma integral, que comenzó en julio del año pasado, ha supuesto una inversión que triplicó el presupuesto inicial para adaptar el local a la normativa vigente y a las exigencias técnicas actuales. En la sala principal, la Tadeusz Kantor, con capacidad para casi 200 espectadores entre platea y anfiteatro, se ha instalado un nuevo telar, equipos de sonido e iluminación de última generación y un escenario ampliado cuya embocadura supera ligeramente la del Teatre Romea.
Por su parte, el Espai Damià Huguet se estrena como una sala polivalente de proximidad con disposición de cabaré literario y capacidad para 50 personas. Este espacio, que también funcionará como sala de exposiciones, albergará el bar del teatro, gestionado por la conocida pulpería Riquiño. Su actividad teatral comenzará el 22 de mayo con la obra Set maneres de ser Hamlet, de Josep Pere Peyró.
Programación diversa y vocación de encuentro
El proyecto artístico de Tosar y Arévalo nace con la voluntad de convertir el teatro en un punto de encuentro cultural con una programación de cinco días a la semana (de miércoles a domingo). La hoja de ruta incluye el estreno de dos espectáculos anuales de producción propia y la acogida de compañías externas. Entre las propuestas ya confirmadas destacan:
Música en directo: El ciclo La Gran Blue Nit, que arrancará con la pianista de jazz Elisabet Raspall.
Léon a la terra dels homes: Un texto basado en Saint-Exupéry con Miquel Gelabert y Óscar Intente (desde el 19 de mayo).
L’enterrador: Un monólogo sobre memoria histórica interpretado por Pepe Zapata (del 27 de junio al 26 de julio).
Espectáculos familiares: Como L’impossibilista de Sergi Buka durante el mes de junio.
Lorca estrena el nuevo teatro
La reapertura oficial se ha celebrado con el estreno de Federico García, un montaje multidisciplinar que celebra diez años desde su debut en el Grec Festival. Esta producción, que se mantendrá hasta el 26 de julio, cuenta con un amplio elenco que incluye a los bailaores José Maldonado y Rubén Molina, las cantaoras Mariola Membrives, Anna Colom y Ana Brenes, además de guitarristas, percusionistas y el propio Tosar, en un recorrido que fusiona la vida y la obra del poeta granadino.