Barcelona tiene esa costumbre casi mágica de recordarnos, cada vez que clavamos una pala en el suelo, que caminamos sobre capas y capas de historia viva. Esta vez el escenario ha sido el Raval, concretamente la Capilla de la Misericordia, en la calle Montalegre. Lo que debían ser los trabajos para cimentar el nuevo Centro de Atención Primaria (CAP) Raval Nord se han transformado en una excavación de lujo que ha sacado a la luz siete siglos de ocupación ininterrumpida, desde centros de producción artesanal hasta los entresijos de la asistencia social en la ciudad.
El hallazgo más sorprendente nos traslada directamente a los siglos XIV y XV. Como ya pasó en las Ramblas, mucho antes de que esta zona fuera el corazón del tejido asistencial de Barcelona, el subsuelo albergaba un área artesanal especializada. Los arqueólogos han documentado dos hornos bajomedievales de unos dos metros de diámetro que aún conservan el pilar central y las paredes enrojecidas por las altísimas temperaturas que soportaron. Es la prueba física de que, en aquella época, el Raval era el motor industrial de la ciudad, un espacio dedicado a la fabricación de cerámica y materiales de construcción que abastecían a la Barcelona intramuros.
Un yacimiento con 700 años de historia

Con el paso de los siglos, el humo de los hornos dio paso al murmullo de los huertos y, finalmente, a la gran transformación asistencial de la zona. Entre los siglos XVI y XVIII, el yacimiento revela la construcción de un edificio anterior a la gran Casa de la Misericordia. Bajo el suelo que hoy pisamos se han encontrado cisternas, depósitos de fuentes y un sistema hidráulico complejo que demuestra cómo la gestión del agua era vital para el funcionamiento de estas instituciones.
Uno de los puntos más fascinantes de la excavación es el antiguo lavadero. Los arqueólogos han recuperado el pavimento original, las canalizaciones de evacuación e incluso los bancos donde se realizaban las tareas diarias. Es una radiografía perfecta de la vida cotidiana en el Raval antiguo, donde un gran recipiente cerámico de tipo «alfàbia» servía para mantener líquidos frescos y diversos pozos ciegos nos hablan de las condiciones higiénicas de un complejo que no dejaba de crecer.
Un ambulatorio con vistas al pasado

Lo mejor de este hallazgo es que no quedará enterrado bajo el hormigón. El proyecto arquitectónico del nuevo CAP Raval Nord, impulsado por el CatSalut, ha sido diseñado para preservar la Capilla de la Misericordia e integrarla visualmente en el nuevo equipamiento. De esta forma, el patrimonio y la salud se darán la mano: los vecinos que acudan a su cita médica podrán contemplar un espacio que ha servido a la comunidad durante más de 700 años, primero como fábrica, luego como refugio y ahora como centro sanitario.
La intervención, dirigida por el equipo de CAT Arqueòlegs, sigue en marcha con una veintena de especialistas sobre el terreno. Dado que aún no se ha llegado a la roca madre, no se descarta que en los próximos meses aparezcan restos incluso más antiguos, quizás de la época romana o de los primeros asentamientos agrícolas del sector. Barcelona, como siempre, se guarda un as bajo la manga (o bajo el asfalto) para seguir sorprendiéndonos.