Seguro que tú también tienes un recuerdo allí. Quizás fue esa camiseta de un grupo de rock que no encontrabas en ninguna parte, el primer piercing que te hiciste a escondidas de tus padres o aquellas tardes interminables en el Bar Jardí, rodeado de plantas y un humo denso que hoy sería impensable. Hablar del «Camello», el mítico Mercadillo de Portaferrissa es hablar de una Barcelona que ya no existe, una ciudad de callejones, tribus urbanas y personajes que hacían de la excentricidad su bandera.
Aunque el local cerró sus puertas hace ya cuatro años, dejando un vacío difícil de llenar en el corazón del Gòtic, su historia se niega a quedar en el olvido. Y no solo por la nostalgia de quienes recorrimos sus pasillos laberínticos, sino porque ahora un grupo de jóvenes cineastas se ha propuesto rescatar del anonimato a su artífice, Artur Mijangos, y a la pieza más icónica de aquel ecosistema: la figura del camello que custodiaba la entrada.
Un brindis por el hombre que vistió a la ciudad
La semilla de este proyecto, titulado con el carismático nombre de ‘Petons al Cul’ (Besos en el culo), surge de una amistad improbable. Joan y Víctor, dos amigos que apenas rozan la treintena, se convirtieron en el apoyo fundamental de un Artur que hoy vive retirado en su piso de Castelldefels. Entre vídeos de TikTok y paseos con su perro Bruc, el que fuera uno de los empresarios más visionarios de la Barcelona canalla de los 70 y 80, navega ahora en una realidad mucho más precaria.
Artur no fue un empresario al uso. Desde que abrió Blue Jeans con 17 años hasta la creación del Mercadillo de Balmes y, finalmente, el templo de Portaferrissa, su motor fue siempre la transgresión. El documental busca precisamente eso: mostrar el contraste entre aquel pasado de éxito arrollador y un presente marcado por la soledad de quien vio cómo su mundo se desvanecía ante el avance de las grandes cadenas internacionales.
Tras la pista de la joroba perdida

El punto de giro de esta historia ocurre en la pantalla de un móvil. Joan y Víctor descubrieron un vídeo donde se veía cómo subían, mediante cuerdas por una fachada, a la mítica figura del camello que presidía el local. Ese «secuestro» simbólico del emblema del Mercadillo fue el disparador para iniciar un rodaje que es, al mismo tiempo, una investigación y un homenaje: parte del documental consiste en la búsqueda de la figura del Camello, que sigue desaparecido.
El objetivo es claro: recuperar el legado de un espacio que fue refugio de punks, mods y cualquier alma que no encajara en el molde establecido.
El proyecto se encuentra actualmente en plena fase de producción y ha lanzado una campaña de micromecenazgo en Verkami para poder finalizarse. Con un presupuesto que busca cubrir los gastos técnicos y de postproducción, el equipo espera estrenar en 2026 una pieza que no solo hable de Artur, sino que nos obligue a preguntarnos por qué en la Barcelona actual ya no hay sitio para proyectos con tanta identidad y tan poco filtro. Es, en definitiva, un último grito de resistencia de aquella ciudad que se despedía siempre con un humor ácido y un «petons al cul».