Estas son las mejores pastelerías para comprar la mona de pascua

Una Semana Santa en Barcelona sin mona de pascua es como un calçot sin romesco.

Y es que para algo pasamos un año incubando un terrible mono de mona. ¿Para qué? Pues para que los pasteleros catalanes vendan alrededor de 700 mil monas (o al menos esas son las cifras previstas para esta Semana Santa).

Pero no todo es delegar, ¿eh? Somos muchos los self-made-man/woman que aspiramos a la autosuficiencia en cualquier aspecto de la vida. Somos muchos quienes, a riesgo de caer en el ridículo o en la decepción, nos tiramos a la piscina. Sea en el caso que sea: para hacer sushi, pizza casera o una bufanda mediante punto bobo.

Y con la mona no iba a ser menos.

Así que hemos buscado recetas y recetas y recetas, pero…. Nos hemos enterado más bien de poco.

Las monas pueden llegar a ser auténticas obras de orfebrería: algunas condicionadas en su diseño por el curso de los acontecimientos, otras tomando como referencia temas atemporales, todas deliciosas porque (y no va en tono peyorativo) aunque la mona se vista de seda, mona se queda.

Tanto es así que en algunas pastelerías ha llegado a ocurrir lo mismo que en muchos restaurantes: se conocen por el ejecutor antes que por el nombre de la pastelería en cuestión.

Es el caso de Oriol Balaguer, uno de los nombres propios en lo que a creación de monas se refiere: diseño y gastronomía se alinean para dar forma a algunos de los mejores dulces de la ciudad. Ha recibido casi todos los premios que se pueden recibir. En Barcelona tiene unas cuantas boutiques: Pl. Sant Gregori Taumaturg, 2; Travessera de les Corts, 340; Benet i Mauteu, 62; 0y Fusina, 5.

Otro genio de la harina es Lluis Costa, que además de hacer uno de los mejores croissants de mantequilla de Barcelona, hace unas monas que son para echarse a llorar. En Carretera del Montseny, 12, en Sant Esteve de Palautordera, está su centro de operaciones.

En cualquier caso, también siguen existiendo las pastelerías de toda la vida. Las pastelerías que, en Semana Santa, hacen un ejercicio de escaparatismo puro y duro. Las increíbles creaciones, tras un cristal de 5 centímetros de grosor.

Probablemente las dos más famosas de Barcelona son Escribà (una institución que año tras año nos deja boquiabiertos) y Natcha (cien modelos diferentes y adaptables a todos los bolsillos). Escribá está en Gran Via de les Corts Catalanes, 546; en el CC L’Illla Diagonal y en la Rambla de les Flors, 83. Mientras que Natcha está en Av. De Sarrià, 45.

Otras opciones son las que se acercan a la modernidad a través de formas de producción menos cuestionables desde el punto de vista moral: en la Besneta (Carrer de Torrijos, 37) todo es vegano. Los motivos por los que nació esta pastelería están ligados al amor que los dueños sienten por los animales. También disponen de algunos productos sin gluten.

Aunque en ese sentido, y dirigido a los amantes de las monas, pero no tanto de la harina de trigo, está Jansana Gluten Free. Es una de las primeras pastelerías para celiacos y personas con intolerancias alimentarias. Está en Balmes, 106.

La lista, en suma, sería interminable y podríamos hablar de mil monas y de mil pastelerías, destacando de cada una de ellas una virtud y un defecto. Las hay con el punto de dulzor perfecto, esponjosas, más secas, más espectaculares en su forma… pero, claro, esto es como casi todo: el único criterio que vale es el propio.

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