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Gastronomía

Los mejores sitios para comer bocadillos en Barcelona

Una ruta por templos que ofrecen este manjar.

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mejores bocadillos de Barcelona

Los bocadillos son esa comida aparentemente sencilla, rápida y cómoda: puedes llevártelos donde quieras, hincarles el diente por la calle o sentado en la mesa de un bar. Sin embargo, un buen bocata también tiene sus secretos; empezando por el pan y acabando por el mejunje que lleve dentro.

En Barcelona, son muchos los sitios donde puedes disfrutar de este clásico manjar. Hasta el punto de que los bocadillos gourmet parece que estén cobrando vida propia y debamos pagarlos a precio de oro. En cualquier caso, nosotros te hablamos de algunos de los mejores lugares y lo demás ya es cuestión de lo que quieras gastarte. Venga, que empezamos.

Bar Fidel

Fuente: Instagram @demosbertran

En la variedad está el gusto, y uno de los lugares especializados en bocadillos de Barcelona de eso sabe. Y mucho. Su carta es extensísima, los bocadillos están todos para chuparse los dedos (y para echarse unas risas con sus nombres) y la atención es de auténtico 10. Hay algo en común en casi todo el mundo que sale por su puerta: que volverán.

Carrer de Ferlandina, 24 

Entrepanes Díaz

Este local castizo está situado en un chaflán de Diagonal con Pau Claris y además de ofrecer unas agradables vistas, alegra el paladar cada vez que uno va. En concreto hay un imperdible: el bocata de calamares. El que ofrecen aquí no tiene nada que envidiarle al clásico madrileño, y lo decimos siendo conscientes de que el bocata de calamares de Madrid supone una buena dosis de felicidad. El pan que usan, el rebozado de los calamares y el pescado en sí tienen todos lo factores a su favor.

Pau Claris, 189

Sagàs

Fuente: Instagram Sagàs

El restaurante del Born tiene unos bocatas gourmet que hacen las delicias de cualquier paladar. Y ya si hablamos de su famoso bocadillo thai con panceta de cerdo ni hablamos (bueno, aunque es más un bao que un bocata). A este manjar le acompañan otros bocadillos no menos ricos como el de tartar de vaca vieja o el de pollo al curry. El Sagàs tiene además una particularidad que lo hace único: cultivan todo lo que cocinan.

Pla de Palau, 13 

La Porca

Este templo de la hamburguesa empezó siendo un bar que ofrecía bocadillos, y esa esencia queda en su ADN. Situado en el barrio del Poble Sec, podemos decir que ir hasta allí vale la pena si es para degustar sus manjares. El mejor es el de porchetta. Ellos mismos elaboran todo el proceso. Cerdo deshuesado y asado a baja temperatura durante cuatro horas con hierbas aromáticas. Esto no es todo: viene acompañado con cebolla marinada con lima, pesto rojo de cacahuetes y una mayonesa de tomate seco. Por fuera, pan de coca crujiente.

Mata, 16

Quimet d’Horta

Fuente: @eldesastre

¿Ir hasta Horta (si no eres de tal barrio, claro) para comerte un bocadillo? Definitivamente la respuesta es sí, siempre y cuando el sitio es el Quimet d’Horta. Unas chapatas de escándalo elaboradas con mucho mimo y unos bocadillos de tortilla que quitan el hipo dan fe de ello. Comerte un bocadillo en la terraza con el fresco del verano después o antes de dar una vuelta por el barrio debe convertirse en parada obligatoria.

Plaça d’Eivissa, 10 

Carrot Café

Fuente: @gastro_sherpa

El Poblenou tiene la suerte de contar con uno de los lugares más exclusivos para comer bocadillos de toda Barcelona. La influencia americana del Carrot Café es clara, pero no por ello prescinde del sabor mediterráneo, y entre sus bocadillos puedes encontrar desde bagels a hamburguesas, pasando por pan de coca con butifarra negra, mallorquín y sobre todo mucho pastrami, el producto estrella de la casa.

Carrer de Tànger, 22 

Bodega Can Ros

Imagínate las abuelas de tu abuela. Ahora imagínatelas dentro de un pan rústico, con la salsa justa y algunos guisantes. Y todo ello en una de esas tabernas clásicas que tanto echas de menos a veces cuando las franquicias te ahogan. Cualquiera de sus bocatas gigantes te quitarán el hipo.

Roger de Flor, 303

Bar Sanz

Bar Sanz es una salvedad excepcional. No se trata de mistificar al bar de toda la vida por lo que el bar es, sino por lo que su supervivencia representa: un modelo alternativo, una pelea contra la voluntad de hacer de Barcelona una réplica de cualquier otro sitio; también la pervivencia de una oferta para una demanda que existe pero que el mercado niega porque ni es cool, ni su forma vale más que su fondo. Su clientela son la gente del barrio, los trabajadores que paran allí a comer un bocadillo por entre tres y cuatro euros. Su barra de metal y sus taburetes son parte de una postal cada vez más insólita. También tienen menú del día y un perro enorme que cada tarde espera a su dueño en la puerta.

General Álvarez de Castro, 5

Tags: Bocadillos